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30 diciembre, 2014

ARQUITECTURA TRASCENDENTE: TRES EXPERIENCIAS (I)

Vivimos entre objetos, nos movemos por espacios construidos, el mundo se manifiesta a través de ellos y erigimos nuestra realidad por una suerte de recomposición de fragmentos de la información percibida e interpretada. La arquitectura no es pues solo cobijo para nuestro cuerpo, es muchas veces tamiz a través del cual el orden que rige el universo se hace presente. Orden que es percibido, luego relacionado y finalmente transformado en significados individuales y colectivos. Siempre fue así y así estuvo bien.

Habituados hoy en día a  permanecer cada vez más en espacios virtuales, satisfechos con imágenes fáciles, presurosos en distinguir nuestras preferencias con un “like it”, reconocemos cada vez menos la función reveladora de la arquitectura, o en todo caso seleccionamos la información más superficial y útil en la medida que nos permita permanecer en espacios supuestamente confortables, haciendo todo ello caldo de cultivo para que germine una arquitectura mediática que esconde tras epidérmicos alardes formales la monotonía de la producción estandarizada y la falta de atención a lo que el contexto le demanda. 

Tres arquitectos que comparten estas preocupaciones se reúnen en un café arequipeño y acuerdan hacer un post a seis manos (utilizando el teclado del ordenador, claro está) Cada uno con blog propio se reconocen también  habitués de espacios virtuales, sin embargo se animan a echar un cable a tierra y anclar en experiencias vividas en que la arquitectura trascendió lo cotidiano y que de alguna u otra manera influyó en su manera de percibir el mundo o tal vez de reconocerse a sí mismos. Saben del peligro de su empresa, pues es probable que en el intento de descodificación parte de la magia que habita en su memoria sea alterada al reconocer la lógica del mecanismo, pero asumen el riesgo. Tienen la esperanza que a través de estas experiencias animen a más gente a contar las suyas y así colaborar, aunque sea en algo a poner la arquitectura en el lugar que le corresponde.

 Cristina Dreifuss                                                        Gonzalo Ríos                          Carlos Zeballos

Experiencia 1.0
La casa Hundertwasser
Cristina Dreifuss  

Lo huachafo en la arquitectura limeña 
Divagaciones y Arquitectura


Los arquitectos, con mucha frecuencia, dividimos nuestra vida en antes y después de nuestro paso por la facultad. Imagino que lo mismo debe pasar con otras profesiones; la formación profesional no sólo nos da habilidades y conocimientos, sino que nos enseña a ver con otros ojos. Es por eso que hablar de una experiencia trascendente de la arquitectura en términos pre-arquitectónicos se vuelve un reto.

Conocí la “Casa Hundertwasser” un año antes de entrar a la facultad, en ese período en el que uno anda madurando y preguntándose una serie de cosas, trascendentales en sí mismas. En medio de un recorrido turístico lleno de dorados y barroco vienés, terminamos en esa  esquina de Kegelgasse donde parecería que alguien dejó libre acción a un lunático.



El edificio, un multifamiliar, es un manifiesto. No hay una sola línea recta (“la línea recta conduce a la perdición”, diría su autor, el pintor F. Hundertwasser). Cada unidad de habitación es de un color distinto, con lo que la imagen final es la de una especie de colcha de parches, salpicada de ventanas desordenadas. El primer piso se apoya en columnas distintas, algunas chuecas, forradas con materiales de reciclaje, cuyo brillo contrastaba con el cielo.
La rápida visita exterior – porque nunca llegué a entrar a una de estas viviendas – me enseñó sobre la libertad de expresión, sobre la economía de recursos, sobre la creatividad y el uso libre de colores y formas, sobre el cuestionamiento de estereotipos establecidos, y sobre todo, que la arquitectura es una profesión al servicio de las personas y que su objetivo es la felicidad. Fue ahí que decidí que eso es lo que quería hacer.


Años después, luego de sustentar mi tesis de grado, volví al sitio. En el fondo, quería comprobar si efectivamente la magia seguía ahí. El edificio fue tan impresionante como la primera vez y, de algún modo, era como si algún tío mayor y buena gente me guiñara el ojo y me asegurara que no me estaba equivocando. 





Experiencia 2.0
Habitando un relicario:
La Sainte Chapelle de Paris,  Febrero de 2014, 
Gonzalo Ríos, Trampantojo

Resultaba poco menos que iluso aspirar a tener una experiencia de mediana trascendencia en un ambiente en donde todo confluía para no conseguirla.  La preciosa capilla gótica en donde Luis IX de Francia, el santo,  pasó gran parte de su vida contemplando las reliquias que adquirió de la pasión de Cristo, era poco menos que profanada por una horda de turistas en busca del espectáculo banal que probablemente el día anterior lo vivieron  en Euro Disney y estaban ansiosos de replicarlo. Los guías atentos y acomedidos con su público se transformaban en bufones solazándose  en la anécdota histriónica para conseguir la risa fácil que seguramente se vería recompensada con un reconocimiento monetario final.

Vistas exteriores de la Sainte Chapelle. La masividad del nivel de acceso contrasta la ligereza del nivel superior en donde prima la transparencia de los vitrales 
Fotos: Eric Rougier

Nada de góticos radiantes, nada de explicar cómo es que se logró desmaterializar los muros opacos casi en su totalidad, reduciéndolos a estilizados haces de baquetones que se separaban hasta convertirse en la frágil estructura de una bóveda azul que parece levitar sobre vitrales pareados. No eso no era importante. Tampoco lo era la historia del pobre Luis IX, tan criticado por gastarse media fortuna en comprar a Bolduino II de Constantinopla  la corona de espinas, un pedazo de la cruz, el hierro de la lanza y la esponja del martirio de Cristo y la otra media en la construcción de esa capilla cuyo destino era convertirse en un enorme relicario en donde el monarca pasaría en estado de contemplación días enteros descuidando seguramente las funciones propias de su cargo. No, de eso nada. El espacio era de una belleza suprema y estaba agradecido, sin embargo el entorno hostil era superior a mis ganas de intentar una reflexión más profunda sobre la estética o la historia.

Vistas Interiores del actual nivel de acceso, en donde se anclan las estructuras que hacen posible la levedad del nivel superior.

Fotos: Eric Rougier


Dispuesto ya a abandonar la capilla el nublado clima invernal parisino disipó por unos instantes sus nubes y dio paso a un rayo de luz que penetro al ambiente atravesando los coloridos vitrales, convirtiendo esta inicial luz blanca en una emulsión de rojos y azules que inundándolo todo propiciaron una atmósfera en donde cualquier hecho físico, inanimado o vivo, pareció inmaterial y perteneciente a una misma substancia. Por unos breves segundos todo pareció detenerse, paralizarse; el silencio del entorno hostil superficialmente conmovido, al menos por el breve instante que duró el fenómeno, intensificó la impresión de cohesión.

Vistas Interiores del nivel superior, máximo exponente del gótico radiante francés con la desmaterialización casi total de los muros en favor de los vitrales.
Fotos: Eric Rougier


Este espacio místico, banalizado por el uso,  lo había vuelto a lograr. Pese a lo efímero del fenómeno, o tal vez por ello, se me revelaron estructuras normalmente no visibles del mundo, poniéndome en sintonía con el orden profundo de las cosas a la que todos estamos sujetos, y también en sincronía con mis eventuales acompañantes y hasta con el mismo Luis IX, él desde el siglo XIII y yo desde el XXI  entendiendo y dando significado a un fenómeno revelador propiciado por la arquitectura.






Experiencia 3.0
Hipérbole simbólica:
Asamblea legislativa de Chandigarh, India,  Mayo de 2007, 
Carlos Zeballos, Mi Moleskine Arquitectónico


Monumental. Así me pareció la escala del Capitolio de Chandigarh. Aquel lugar transmitía una sensación de poder magno, casi megalómano. Estaba hecho para impresionar, aunque parecía no haberse preocupado en dar cabida al ser humano. En aquella calurosa mañana de primavera india, hubiera sido muy acogedor sentarse bajo un árbol pero aquella banalidad hubiera interferido con la colosal perspectiva del espacio, algo con lo que el arquitecto suizo no estaba dispuesto a transigir.


Salvo indicación, todas las fotografías pertenecen a Carlos Zeballos Velarde


Aún así, me sentía agradecido por estar parado por primera vez frente a una obra del gran maestro Le Corbusier y de poder disfrutarla enmarcada por los Himalayas que se perfilan como telón de fondo hacia el este. Antes sólo había visto reproducciones en blanco y negro así que era una experiencia estar parado ahí apreciando la monumentalidad del Capitolio, la solidez de sus volúmenes, la aspereza y plasticidad del concreto armado y respirar la pasión por el diseño que el maestro suizo supo traducir en esta obra, desde su trazo urbano hasta la concepción de sus murales y alfombras.

Había llegado allí con un pariente de un amigo al que conocí por internet , y que luego de mostrarme de lejos el complejo, se dispuso a regresar al centro de la ciudad. Cuando le insistí en aproximarnos, me dijo nerviosamente que era complicado, y que había que pedir un permiso especial que duraba un día conseguirlo. Pude entender su turbación, ya que Chandigarh se encuentra cerca de la frontera con Pakistán, en una zona muy tensa y donde no se escatiman las medidas de seguridad.




Pero no iba a rendirme así no más. Fui a obtener el permiso a un par de oficinas y la reticencia inicial de los oficiales se convirtió poco a poco en eficaz colaboración. “Soy un arquitecto, vengo de Perú, un país pacífico” le dije, convincente (aunque hubiera sido más exacto decir “un país en el Pacífico”). “Sí, lo sabemos”, replicaron con severidad, y en ese momento comprendí que ellos no tenían la más mínima idea de dónde quedaba Perú. Sin embargo, halagados ante la presencia de un visitante tan exótico, no dudaron en otorgarme el permiso además de muchos souvenirs e información sobre la ciudad.

Al día siguiente me encontraba de nuevo en el Capitolio, con sus tres simbólicas construcciones: la secretaría, el Palacio de la Asamblea Legislativa y la Corte Superior de Justicia. De todos los elementos del conjunto, fue el Palais de l’Asambleé el edificio que más llamó mi atención, por su matemática grilla de brise-soleil, imprescindible en aquel tórrido clima y su fotogénica fachada sur reflejándose en un espejo de agua.




La grilla aligeraba la fachada de esa caja rectangular, sobre el cual asomaba principalmente el gran volumen de una cáscara hiperbólica truncada, una figura escultórica cuya inspiración proviene de chimeneas industriales.
Habría de recorrerlo custodiado por un soldado armado con un fusil automático y la seguridad era particularmente estricta.
Ingresamos al edificio, adornado con murales diseñados por el propio Le Corbusier, que no había descuidado detalles en el momento de su gran obra.


Al interior, la luz se filtraba indirectamente por los brise-soleil y daba un efecto de profundidad a aquella sala hipóstila, reminiscente de los templos clásicos que el maestro había admirado en su viaje de descubrimiento por Grecia.

En medio de aquella trama de columnas emergía, como un volcán impetuoso, el volumen de la asamblea.

Izquierda y centro, Fotos cortesía de Fondation Le Corbusier. Derecha, foto Carlos Zeballos

Entonces, nos acercamos a la cámara legislativa, que por suerte se hallaba en receso y podía ser visitada. Ni los libros sobre el maestro suizo ni los tratados sobre arquitectura moderna, nada podría haberme preparado para aquella impresión. El espacio, moldeado en aquella cáscara de apenas 15 cm de espesor, se alzaba monumental sobre los asientos tapizados de los legisladores. La sección truncada con la que culminaba la hipérbole acentuaba su direccionalidad y su geometría favorecía la acústica. La estatura del espacio obedecía también a fines climáticos, ya que permite la circulación de aire por conducción.

Pero aquél no parecía un espacio cívico, sino uno sacro. La luz filtrándose indirectamente producía un efecto espiritual que volvería a encontrar algunos años después en la capilla hecha por Le Corbusier en Ronchamp. Sin embargo, a diferencia de las paredes blancas de aquella, la epidermis de concreto de la sala se hallaba cubierta por coloridas láminas de aluminio, que como una infección reptaban produciendo manchas de color.

Fotos cortesía de The Tribune

Era un momento sublime, que no parecía ser compartido por el cancerbero que me acompañaba, quien insistía en que las fotografías estaban estrictamente prohibidas. Traté de impregnar en mi memoria cada detalle de aquel momento sabiendo que probablemente esta experiencia no se repetiría. Traté de respirar al máximo ese espacio bello, magno, dramático. Pero en aquel momento, un gesto poco amigable del soldado me indicó que la visita había acabado.



19 julio, 2011

OTTO WAGNER: DEL MODERNISMO A LA MODERNIDAD II

Foto cortesía de Vestaligo.

CAJA POSTAL DE VIENA
“La arquitectura debe dejar de imitar estilos del pasado. Debe convertirse en un verdadero reflejo de nuestros tiempos, expresando simplicidad, una naturaleza funcional, e incluso la precisión militar de nuestra vida moderna.”
Otto Wagner.



La sede de la Caja Postal de Viena (1903-06), diseñada por Otto Wagner, es un claro ejemplo del tránsito de la arquitectura modernista (Art Noveau o Judendstil) a la arquitectura moderna. Funcionalismo, flexibilidad, generosa iluminación, economía, tecnología y austeridad en la ornamentación marcaron el inicio de lo que serían las características de un estilo de arquitectura que valoramos y usamos –con distintos matices- hasta nuestros días. Para el arquitecto, sería la plasmación de sus ideas expuestas desde 1896, cuando publicó su libro titulado “Arquitectura Moderna”.

Armonía pero a la vez contraste entre la arquitectura decimonónica del lugar y la propuesta de Wagner.

ANTECEDENTES

La Caja Postal fue abierta en 1880 en un templo dominicano, con el apoyo de las autoridades imperiales y la Iglesia, con el propósito de convertirse en el banco de los pequeños ahorristas, como alternativa a los grandes bancos.

Sede original de la Caja Postal.

Con el cambio de siglo, la Caja organizó un concurso para desarrollar un edificio que transmitiera la imagen progresista y moderno tanto a sus clientes como a toda la sociedad. El proyecto de Wagner fue elegido entre otras 37 propuestas, más conservadoras.

Fachada principal (1904-1906)
Extensión trasera (1910-1912)

Sección longitudinal. Imágenes cortesía del Banco Postal de Viena.


UBICACIÓN

Ringstrasse, un desarrollo urbano que reemplazó las antiguas murallas de la ciudad de Viena, constituía el símbolo del poder imperial austriaco. Allí se encuentran prestigiosos edificios, como la Ópera y por tanto la ubicación era privilegiada para la nueva Caja Postal.

Viena en 1872. Puede verse la zona del Ringstrasse en la antigua muralla.

EnlaceVer ubicación en Google Maps
El banco está cercano al Danubio

Sin embargo, la primera sensación que se percibe sobre el tamaño banco es mucho menos impresionante de la que transmiten el resto de edificios monumentales en esta zona. El edificio enfrenta una pequeña plaza, hacia la cual su fachada principal ha sido diseñada guardando precisas proporciones.

Compárese la fachada de la Caja Postal con aquella del Ministerio de Guerra, que se encuentra al otro lado de la plaza.

Es otro el efecto cuando el usuario se aproxima y descubre que en realidad el edificio es enorme y cubre la manzana entera. Dado que la manzana es trapezoidal, la fachada principal corresponde al lado más largo, y que fue de hecho el primero en ser construido.

Elevación posterior.

COMPOSICIÓN

El edificio de 8 niveles es organizado de forma simétrica, disponiéndose en torno a 5 pozos de luz que iluminan naturalmente el interior del edificio. En realidad se trata de dos edificios adosados, construidos en dos partes para poner en funcionamiento la Caja lo más pronto posible: la zona este fue construida entre 1904-06 y la zona oeste fue edificada entre 1910-12. Ambas partes, si bien guardan armonía al interior, no están interconectadas espacialmente.

Vista de la entrada porterior

A pesar de que su estilo difiere notablemente del resto de edificios que lo rodean, el arquitecto tuvo el respetuoso criterio de mantener algunas características del entorno, como volumetría, color y ritmo de vanos.



La fachada está coronada con una alegoría escultórica, también muy simple si se compara con otras estatuas cercanas.


Además, como en otros edificios de Wagner, hay una cornisa que remata la composición de la fachada y que sobresale ligeramente del perfil del banco.


Una sencilla marquesina de metal y vidrio sostenida por finas columnas de hierro forjado recubiertas de aluminio marca el acceso principal al edificio.


Tras este acceso, un atrio de escaleras nos conduce al espacio central del banco, una situación que evoca la experiencia de muchos templos a los que hay que acceder por escalinatas.

Foto cortesía Mundate.

Sin duda el gran patio central el espacio público más cautivante de todo el edificio. Se trata de un patio de 550 m2 protegido por una cobertura de metal y vidrio translúcido, con una nave principal más alta que las dos naves laterales, al mero estilo de una iglesia paleocristiana.


Este espacio tiene una doble cobertura de vidrio, el techo superior es a dos aguas mientras que el cielorraso inferior es una especie de bóveda achatada. Esto brinda una generosa iluminación al interior, pero controla el asoleamiento, en un efecto parecido al que hemos visto en el caso del edificio de la Secesión, de Olbrich.

Fotos cortesía de clod 111.

Al interior no se incluyeron grandes paredes portantes, lo que permitía total flexibilidad a las diversas funciones del banco, iluminadas por generosas ventanas.
Para los pisos combinó el uso del mármol con el linóleo, un material que recién empezaba a usarse en esa época. También, el piso del atrio principal está hecho de bloques de vidrio, que permiten el paso de la luz a los ambientes del sótano.

TECNOLOGÍA

Wagner quiso que su edifico sea económico, durable y fácil de mantener. Para ello, utilizó algunos elementos innovadores para la época que permitieron construir el edificio en tiempo récord y sobre todo muy económicos. El arquitecto construyó paredes de ladrillo forrándolas con planchas de piedra o mármol, a diferencia de otros edificios de la época que eran hechos enteramente en piedra.


Un detalle muy distintivo de la fachada son las clavijas metálicas recubiertas de aluminio (17,000 en total), que supuestamente unen las losas de piedra a las paredes de ladrillo y que de alguna forma evocan la arquitectura industrial, aunque hay quienes encuentran similitud en esta alegoría con una caja fuerte. Sin embargo, se trata de un ardid decorativo, ya que las planchas fueron unidas con mortero.


En todo el edificio se puede ver similar uso de estas decoraciones de aluminio simulando pernos y de hecho es una de las cosas que más salta a la vista cuando se lo compara con los otros edificios vecinos, particularmente en la fachada principal donde hay mayor concentración de estas clavijas. Además de ellas, algunas otras protuberancias de forma almohadillada dialogan con la forma de las placas de piedra, a la vez que establecen un patrón decorativo en la fachada. Es casi como si el arquitecto hubiera querido transmitirnos el concepto de esta ordenada matriz a través de un gigantesco mensaje en sistema Braille.



MOBILIARIO

Wagner también diseñó los elementos de mobiliario que complementan la arquitectura del edificio: paneles divisorios, alfombras, radiadores, lámparas, relojes, escritorios, sillas, asientos, guardarropas y, por supuesto, la caja de la bóveda. El mobiliario se caracteriza por su sobriedad casi minimalista, la ausencia de ornamentación y su funcionalidad. Es notorio como el mayor nivel de confort estaba dado para los directivos de la institución, mientras que el asiento para los clientes se trataba de un banquillo sin respaldo.


En el espacio principal destacan unos cilindros metálicos de apariencia escultórica, que son los radiadores del sistema de calefacción.

Foto cortesía de niceguydave.

***

Puedo imaginar el optimismo de Wagner, de los funcionarios de la Caja y en general de la sociedad vienesa cuando el banco fue culminado en 1912. El impresionante edificio era, efectivamente, una representación del poder imperial, al que el arquitecto había visto nacer y desarrollarse desde su juventud y que parecía crecer inexorablemente hacia el futuro. Quién pudiera decirle que, apenas 2 años después de la culminación del edificio, el Duque Franz Ferdinand, heredero al trono austro-húngaro, sería asesinado en Serbia, y que eso desencadenaría un conflicto de enormes proporciones: la Primera Guerra Mundial. En 1918 llegaría el fin de la guerra como también el fin del Imperio de Austria-Hungría. Ese mismo año Wagner había muerto con él.

"Lo que es impráctico no puede ser bello"
Otto Wagner
VER TAMBIÉN

- ART NOVEAU (MODERNISMO)

11 julio, 2011

OTTO WAGNER: DEL MODERNISMO A LA MODERNIDAD. I

“Otto Wagner, en su teoría y en sus edificios, es el arquitecto más innovador e influyente de Europa central”
Gustav Klimt

Otto Wagner (1841 - 1918) fue un destacado arquitecto y diseñador respetado por la alta sociedad vienesa. Sus diseños neo-renacentistas expresaban la sobriedad y pompa que quería transmitir como imagen el Imperio Austro Húngaro. Por eso sorprendió a muchos que a sus 55 años abrazara la corriente de algunos jóvenes y revolucionarios arquitectos, el Jugendstil, y que más tarde haya sido pionero de la arquitectura moderna en esta parte del mundo.
Precisamente, en este post daremos una revisión de sus primeros trabajos y su paso por el Art Noveau, dejando para la próxima entrada una reseña sobre su más celebrado edificio, la Caja Postal de Ahorros de Viena.

ANTECEDENTES

En 1867 Austria, temerosa de sus poderosos vecinos Prusia e Italia, se unió a Hungría formando la llamada Monarquía Dual, un enorme estado en Europa Central del cual Franz Joseph I de Austria fue su primer soberano. La monarquía austro-húngara necesitó de una arquitectura monumental que le hiciera propaganda y le dé la imagen de un estado poderoso y próspero, algo como lo que había hecho Napoleón III en París pocos años atrás con el Louvre y la Ópera Garnier.

Interior del Pabellón de la Corte en Hietzing, 1899.

ETAPA HISTORICISTA

Wagner gozó del favor imperial desde el encargo del decorado para las Bodas de Plata del Emperador Franz Joseph I en 1879, utilizando un estilo historicista, más cercano al Neo-Renacentismo que al Neo-Clasicismo, muy en boga en esa época. Sus diseños eran simétricos, de líneas sencillas, cuidadas proporciones y de decoración poco profusa.

Edificio en Lobkowitz Platz (1887-85). Foto cortesía de Via Kali.

Palais Hoyos (1889-90): famoso por haber sido la vivienda del compositor Gustav Mahler. En 1903 fue vendido a la condesa de Hoyos, de la cual recibe su nombre actual. Nótese la integración al perfil de la cuadra y el equilibrio entre la composición horizontal y los vanos verticales. Un detalle interesante son los óculos circulares que coronan la fachada. Foto cortesía de Via Kali.

WAGNER Y LA SECESIÓN VIENESA
Enlace
En 1894 Wagner fue nombrado director de la cátedra de arquitectura de la Academia de Bellas Artes de Viena. Dos años después, a sus 55 años, se unió con vehemencia al movimiento de la Secesión, junto con su alumno José María Olbrich. Wagner llegaría a ser el más notable exponente del estilo Art Noveau en Viena.



Majolikahaus
La Majolilahaus (1899) es uno de los primeros experimentos wagnerianos en estilo Art Noveau. El edificio combina comercio en el primer nivel con departamentos en los pisos superiores. De allí que la composición volumétrica (basada en tres zonas: base, cuerpo y corona), simetría y proporciones de estos departamentos mantengan ciertas reminiscencias Neo-Renacentistas de sus primeros trabajos.

Majoikahaus, Viena. Foto cortesía de Gerhard R.

Miethaus. Foto cortesía de berndwimmer.

Su mayor atractivo reside, sin embargo, en los motivos florales que adornan su fachada, logrados sobre la base de mayólicas de color (de allí su nombre), principalmente en tonos rojos y verdes. El trabajo en mayólica va incrementándose en complejidad conforme va ganando altura. Adicionalmente incluye balcones y otros ornamentos de hierro.


Karlsplatz Stadtbahn Station (1899).


Entre 1894 y 1901 Wagner recibió el encargo de construir el metro de Viena, lo cual le dio una nueva visión acerca del futuro, la tecnología y la arquitectura, a diferencia de su trabajo anterior, anclado en la tradición y el pasado.


Esta pequeña estación se ubica a un costado de la Plaza Carlos, y su figura y colorido captan inmediatamente la atención del paseante. Justo al frente del edificio de la Secesión de Olbrich, arquitecto que también colaboró en el diseño de la estación. Ésta constituye un esfuerzo de Wagner por darle a la ciudad un aspecto de modernidad justo ad portas del siglo XX.


“En estas estaciones Wagner ha alcanzado la cúspide de su dialéctica entre la función y poesía, construcción y decoración, donde un severo racionalismo se entabla en una competencia con una decoración de estilo Secesionista”.
Friedrich Achleitner, poeta y crítico de arquitectura.


El edificio mantiene ciertos elementos historicistas, pero innova con un lenguaje que tiene reminiscencias industriales, ya que está hecho de una armadura de hierro recubierta con planchas de mármol.


Esta estación se salvó de ser demolida en 1981 gracias al reclamo popular. Hoy sirve de ingreso al museo de Viena y el otro lado es un agradable café.

***

Al llegar el nuevo siglo el trabajo de Wagner adquiere características más flexibles, funcionalistas y económicas, sentando la base del movimiento moderno. En la próxima entrega trataremos sobre uno de los mejores ejemplos de esta época, el Banco del Correo Postal. Hasta entonces.

VER TAMBIÉN

- ART NOVEAU (MODERNISMO)


Otto Wagner por Gustav Klimt