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13 agosto, 2010

IGLESIA DE LA COMPANÍA, AREQUIPA

Iglesia y Claustros de La Compañía. Al fondo, las cumbres nevadas del volcán Chachani (6075 m).
Foto cortesía de Vicctor.

ENGLISH VERSION
Por Carlos O. Zeballos Barrios*

Hace algunos años el Dr. Carlos Zeballos Barrios editó una publicación sobre el conjunto de la Compañía de Jesús en Arequipa, Perú. En esta ocasión, tengo el honor de reproducir en este blog algunos fragmentos de este trabajo, un honor doble no sólo porque se trata de mi padre, sino por la calidad del texto con que describe este destacado monumento del barroco mestizo sudamericano, trabajado en piedra volcánica blanca y, como parte del centro histórico de Arequipa, Patrimonio de la Humanidad por UNESCO.

Juego volumétrico de las bóvedas y contrafuertes de la iglesia desde los claustros. Foto cortesía de César Estrada.

LOS JESUITAS EN AREQUIPA
Arequipa y la Compañía de Jesús nacieron en el mismo año: 1540. En efecto, el 15 de Agosto de dicho año, un español, Garcí Manuel de Carbajal, fundó la “Villa Hermosa” en el valle de Arequipa. Un mes y medio después otro español, Ignacio de Loyola, lograba en Roma la aprobación papal para la congregación religiosa por él fundada: la Compañía de Jesús. Esta coincidencia habría de ser premonitoria de una perdurable interrelación, a lo largo de una historia fecunda y vicisitudinaria. Sobrevivientes de terremotos y bombardeos Arequipa y de expulsiones y persecuciones la Compañía, hoy luce la ciudad, con legítimo orgullo, el arte y la fe que los hombres de La Compañía crearon e implantaron.

La Iglesia de la Compañía enfrenta diagonalmente a la Plaza de Armas de Arequipa, y establece una continuidad espacial a través del atrio.

Vista aérea del conjunto. Se aprecia la iglesia a la derecha, los dos claustros y el patio menor.
Foto cortesía del Arq. Carlos Rodríguez

LOS ORÍGENES DEL TEMPLO
El templo de la Compañía y sus claustros adyacentes constituyen, el monumento más representativo de la Escuela Arequipeña, la que ejerció su influencia no sólo en las iglesias que se edificaron en los alrededores de la ciudad, como las de Cayma, Yanahuara, Paucarpata y Characato, sino que se extendió por toda la región sur andina hasta Potosí, en la actual Bolivia, dejando verdaderas joyas arquitectónicas como la catedral de Puno, Santa Cruz de Juli, Santiago de Pomata, San Pedro de Zepita y San Jerónimo de Asillo.

Iglesia de La Compañía desde la Plaza de Armas antes del Terremoto de 1868

En opinión del historiador español Bernales Ballesteros, es en la portada de la Compañía de Arequipa donde nace el arte genuinamente mestizo, y donde culmina armónicamente el proceso de transculturización hispano-americana. El esquema general procede de la península, evidentemente, pero es nativa la forma de tallar la piedra, la sensibilidad un tanto plana del relieve y los motivos empleados en la decoración.

Efectos del Terremoto de 1868

Los planos originales de este magnífico templo fueron confeccionados por Gaspar Báez. Lamentablemente, la obra por él iniciada en 1578 se derrumbó en el terremoto de 1582. Ocho años más tarde el jesuita Diego Felipe inició la segunda construcción del templo, siguiendo los planos de Gaspar Báez. Según el Dr. Alejandro Málaga, existen evidencias de una tercera edificación iniciada alrededor de 1650 y concluidas en 1667, pero fueron dañadas por el terremoto de 1687. Los trabajos de reconstrucción y restauración se concluyeron en 1698. El terremoto de 1868 derribó la torre; el nuevo campanario , hecho según diseño diferente, fue derribado en el sismo de 1960.

La Compañía durante la reconstrucción del terremoto de 1868, con su nueva torre.
La iglesia alrededor de 1900

FACHADA PRINCIPAL


Consta de dos pisos o cuerpos. El piso inferior posee tres calles entre dobles columnas. La calle central se continúa en el piso superior, también entre dobles columnas, y remata en un frontispicio trilobulado. En la calle central del primer piso se encuentra la solemne puerta principal, de madera de cedro y adornada con grandes clavos de la época. Sobre la puerta, en el segundo piso hay una bella hornacina que sirve de ventana. Una concha avenerada y unas rosetas ornamentan la hornacina, bajo la cual se proyecta una notable ménsula o repisa que en otros tiempos sostenía una gran cruz de piedra, en opinión del P. José Luis Maldonado. El frontispicio superior alberga otra pequeña hornacina, delante de la cual, y sobre su respectiva ménsula destaca una escultura de sillar de San Miguel Arcángel.

Foto cortesía de Carlos O. Zeballos B.

Volvamos al piso inferior. El friso lleva un pámpano o sarmiento con rosetas geométricas y unos medallones. Los cuatro pares de columnas descansan sobre un pedestal de piedra corrido y con tallados geométricos; cada columna está decorada en su tercio inferior por molduras en zigzag, y culminan en capiteles corintios con columnas de acanto.

Fotos cortesía de Carlos O. Zeballos B.

Los intercolumnios, es decir, las calles laterales, están decoradas con relieves de querubines y unos escudos con las palabras EL AÑO y DE 1698.

Foto cortesía de Srtaconbici

Sobre las dobles columnas exteriores de este primer piso, encima del entablamiento, podemos ver unos trozos de frontones curvos y prominentes, y sobre ellos, unos bellos pináculos, ligeramente desviados.
En el segundo piso se repite el juego decorativo, en las dobles columnas y en el entablamiento que éstas sostienen; con la diferencia de las molduras en las columnas, que son en espiral. En el friso se hallan esculpidos los anagramas de María y José, a los costados, y de Jesús al centro. A ambos lados de la hornacina destacan sendas águilas bicéfalas, insignia de los Habsburgos bajo cuyo reinado se edificó la iglesia.

Foto cortesía de Prof Elephant y Fabian f

Al contemplar la perspectiva general de la fachada, lo más sorprendente es la profusa decoración que ella nos ofrece. Todos los espacios han sido rellenados por diversos temas decorativos en bajo relieve, formando un frondoso tapiz que se desborda por los lados en bello contraste con el fondo liso del muro que le sirve de pantalla, se debe destacar la habilidad para entrelazar armónicamente elementos decorativos peninsulares, como las lacerías mudéjares, o motivos churriguerescos, como racimos de uvas, rosetas o granadas, ángeles y querubines, veneras compostelanas y mascarones renacentistas, con elementos incaicos y preincaicos que reproducen máscaras nazquenses, o ese curioso gato-tigre con cuerpo de miriápodo, propio de la mitología altiplánica. No faltan, naturalmente, representaciones de la flora local, como choclos y cantutas.

Foto cortesía de Franco Cericola

Observemos ahora esa bella portada lateral, situada a la derecha de la fachada principal. Hoy se halla clausurada, pero en otros tiempos servía para comunicarse con los claustros del Colegio. A un costado puede verse aún sobre el muro una serie de inscripciones con pintura roja, casi borradas por acción del tiempo, que recuerdan las graduaciones de los estudiantes del Colegio de Santiago, que funcionó hasta 1767.


Fotos cortesía de Carlos O. Zeballos B.

FACHADA LATERAL.

Esta fachada fue diseñada y construida por el maestro Simón de Barrientos en 1654. Está considerada como una de las más antiguas muestras del arte mestizo arequipeño, pues señala puntos de partida para el complicado tapiz de la fachada principal. En su originalidad, presenta reminiscencias de estilos anteriores, de principios de siglo.

Foto cortesía de Carlos O. Zeballos B.

Un frontón muy abierto y elevado sobre el arco de medio punto de la puerta, alberga bajo una gran concha de venera (símbolo del santuario de Santiago Apóstol de Compostela), el bajo relieve del Apóstol Santiago, a quien el templo está dedicado. El Apóstol aparece en actitud guerrera, montando a caballo y con sable en alto, decapitando moros, cuyas cabezas, junto con el emblema de la Media Luna se ven pisoteados por las patas del caballo. Las crines del animal se desenvuelven de manera original en grandes espirales. En la parte inferior del frontón hay una ménsula labrada, sostenida por dos sirenas con alas de ángel.

Foto cortesía de Carlos O. Zeballos B.

Las columnas con capiteles corintios están decoradas en su parte inferior con molduras en zigzag, motivo que se repite en las columnas del primer piso de la fachada principal. Sobre los capiteles hay unos frisos que representan al León de San Marcos y al Toro de San Lucas.
Sobre las cornisas del entablemiento, sendos pináculos producen un equilibrio armónico. En los intercolumnios podemos ver una pequeña repisa al pie de unos escudos con el monograma de Jesús (IHS) y un sencillo tema decorativo.
Son también de mencionar los casetones que adornan las jambas y el arco de la puerta, elementos decorativos más frecuentes a comienzos del siglo XVII que en la época en que se edificó la iglesia, cuando ya el barroco había sentado sus reales en el estilo arquitectónico.

INTERIORES

La distribución interna de la iglesia corresponde a la planta basilical jesuítica, con una nave principal centro y dos menores a los lados, cúpula de media naranja en el crucero, bóvedas de cañón, santuario, sacristía y coro alto.

Planta de la iglesia. Imagen cortesía del Dr. Carlos Zeballos Barrios

Una serie de semi columnas jónicas adosadas a gruesas pilastras separan los arcos y sostienen un sólido entablamiento, con alquitrabe, frisos y cornisas. Sobre las cornisas, contrastando con la blancura del sillar de los muros y bóvedas, una roja balaustrada circula por todo el contorno interior del templo. Antiguamente todas las superficies interiores estaban recubiertas de policromías como todavía puede admirarse en la sacristía antigua o capilla de San Ignacio; ahora luce el sillar a cara vista.

Foto cortesía de Yoli Yoli.

El retablo del altar mayor es una magnífica composición del más puro estilo barroco churigueresco. Es obra del maestro entallador Juan de Salas, quien utilizó para su realización 447 piezas de cedro y roble, 21 alisos y algunos palos de sauce y lloque. Sobre la maravilla del tallado en madera hay una cobertura generosa de pan de oro, que a los rayos del sol emite destellos de fuego. El sagrario, de pura plata repujada, es obra del maestro cuzqueño Pedro Gutiérrez.

Fotos cortesía de Carlos O. Zeballos B.

En la nave derecha hay otro hermoso retablo, también tallado en madera sobredorada. Se le llama “el Retablo de los Fundadores”, pues en él hay imágenes de varios fundadores de órdenes religiosas.

El Retablo de los Fundadores. Fotos cortesía de Carlos O. Zeballos B.

Muy cerca de ese retablo se halla el púlpito, hermosa obra tallada en madera y bañada en pan de oro.

Foto cortesía de Carlos O. Zeballos B.

Cerca de la entrada, en la misma nave derecha, se halla la imagen del Justo Juez, hermosa talla restaurada recientemente: es la imagen que cada Martes Santo recorre en procesión las calles de Arequipa. Su retablo es de reciente confección.

CAPILLA DE SAN IGNACIO

La antigua sacristía de la iglesia, hoy conocida como Capilla de San Ignacio, es una hermosa muestra del arte decoratorio arequipeño. Impresiona el extraordinario colorido de sus paredes y cúpula, cuya viveza e intensidad se mantiene a través de los siglos, con apenas ligeros retoques.

Foto cortesía de Carlos O. Zeballos B.

El frondoso decorado reproduce un ambiente tropical, con extensas enredaderas de flores exóticas que alternan con frutos y pájaros legendarios de vívidos colores. Es indudable que la constante relación de los jesuitas de Arequipa con las misiones en las selvas tropicales fue el factor determinante para esta clase de ornamentación.


Fotos cortesía de Ojos de Agua.

La cúpula es de media naranja, con un tragaluz en la cúspide: Sobre la cornisa en la que se sustenta se pueden ver 8 imágenes de santos con sus respectivas reliquias.


LOS CLAUSTROS

Entre todos los claustros conventuales levantados en la Arequipa colonial sobresalen notablemente los de la Compañía, no sólo por su rica ornamentación, sino también por su grandiosidad y originalidad. “La frondosa decoración parece hablarnos de la imaginación inagotable de su autor y del deseo de no copiar nada de lo conocido. Pocas veces es dable contemplar algo más original y más bello”, dice el arquitecto Harth-terré.


La construcción de estos claustros se inició en 1677 bajo la dirección de Lorenzo de Pantigoso, alarife tan afamado que fue designado “Obrero Mayor para la reconstrucción de la ciudad”, después del terremoto de 1687, según ha investigado Alejandro Málaga Medina.



Un ejército de peones, entre negros, indios y españoles, trabajaba y modelaba el sillar acarreado desde las canteras de Chilina. La fecha de la terminación de las obras, 1738, figuraba en el arco de la entrada hasta 1973, cuando fue removido para dar paso a las obras de ampliación de los claustros, por decisión del Arq. Luis Felipe Calle.


En estos ambientes funcionó el célebre Colegio de Santiago, al igual que el Juniorado de los jesuitas, aunque no por mucho tiempo. Al ser expulsada la Compañía de Jesús en 1767, los Claustros, al igual que sus demás propiedades, pasaron a la administración de los padres oratorianos de San Felipe Neri.

Fotos cortesía de Christian Osorio Rodríguez

En 1788, a solicitud del Obispo Chávez de la Rosa, parte de los Claustros se designó para Hospicio de niños huérfanos y expósitos. Al crearse la Beneficencia Pública de Arequipa en 1848, esta institución se hizo cargo del hospicio y para ello introdujo reformas en los Claustros.

Foto cortesía de Yoli Yoli

En 1921 la Beneficencia acordó construir un local más apto para el Orfanatorio en la Avda. Goyeneche; para el efecto, los Claustros fueron divididos en ocho lotes y vendidos en pública subasta. Los nuevos propietarios modificaron profundamente el hermoso recinto, parte del cual estaba ruinoso, y otra parte convertido en precarias viviendas. Por fin, en 1971, el Banco Central Hipotecario adquirió los antiguos claustros y emprendió una profunda y completa restauración, cuyo resultado podemos apreciar hoy en día.

Fotos cortesía de Carlos O. Zeballos B.

Todo el conjunto consta de un Claustro Mayor, un Claustro Menor y un patio. Adosados a la iglesia e integrados a ella arquitectónicamente, los claustros muestran hoy su antiguo esplendor y el carácter imponente de sus 40 ambientes. El Claustro Mayor es de una sola planta, con arcos de medio pinto sobre pesadas pilastras integralmente decoradas en sus cuatro caras. Cada tablero exhibe idénticos relieves, de tres gruesos racimos de uvas, papayas, conchas, rosas, cantutas y hojas de parra desprendidas de macetones, así como alados querubines, elementos todos circunscritos por dos tallos que se entrecruzan varias veces. En cada clave se repite la misma roseta simétrica, y en cada enjuta un medallón con los monogramas latinos de Jesús, María y José; además querubines y dos pequeñas figuras de San Ignacio y San Francisco Javier.


Foto cortesía de Christian Osorio Rodríguez

A la altura de un delgado arquitrabe, hay unas gárgolas para el desagüe de las lluvias, en forma de puma estilizado. El friso tiene rosetas cuadrifolias, y todo ello remata en un amplia cornisa estilizada.

Foto cortesía de Christian Osorio Rodríguez

En el centro del patio luce una pileta de tres cuerpos con motivos fito y zoomorfos, traída de Lima.

Foto cortesía de Carlos O. Zeballos B.

El Claustro Menor es más sencillo en su ornamentación, y sigue el esquema general de todos los claustros conventuales en Arequipa, a excepción del de la Recoleta. En la actualidad los ambientes de estos claustros están ocupados por tiendas, establecimientos comerciales y entidades afines al turismo.

El patio culmina la secuencia espacial de los patios.

VER TAMBIÉN
- ARQUITECTURA COLONIAL EN AMÉRICA Y ASIA

*El Profesor Carlos O. Zeballos Barrios es Doctor en educación y pionero de las publicaciones turísticas en Arequipa, con su obra Arequipa, la Única (1979). A ésta se han sumado muchas otras publicaciones, que abarcan temas desde turismo y fotografía hasta pedagogía y lenguas clásicas. Si bien oficialmente jubilado de la Universidad Católica Santa María de Arequipa, donde fue profesor por muchos años, continúa dictando cursos y conferencias por invitación de esta casa de estudios. Para su publicación "La Compañía de Jesús en Arequipa" (1981), contó con el asesoramiento de distinguidos historiadores y arquitectos.

18 septiembre, 2008

CASA VELARDE ÁLVAREZ. AYACUCHO.


Ayacucho (o Huamanga), ubicada en los Andes Centrales del Perú, es una ciudad que palpita historia. En las sierras de Ayacucho nació el imperio Wari, en cuya organización y caminos se basaron los incas para forjar su propio imperio. Numerosas iglesias y soberbias casonas dan cuenta de su importancia como enclave colonial, y fue aquí donde se selló la independencia de América en 1824. Los impresionantes paisajes de sus frías cordilleras encierran tradiciones longevas que perduran entre sus amables gentes, quienes al conversarnos, dibujan por momentos una mirada triste que evoca los violentos sucesos de un pasado reciente (los vínculos corresponden a blogs del prof. Arturo Gómez A.).

Fotos cortesía de Luis Rodríguez

Ayacucho es también escenario de una excepcional obra de restauración arquitectónica, la puesta en valor de la Casa Velarde Álvarez, obra de los arquitectos Ruby Bustamante Dueñas y Hernán Pareja Mejía, en coordinación con el arquitecto Juan de la Serna Torroba, de la Agencia de Cooperación Española para el Desarrollo, AECID. Dicha restauración ha merecido el primer puesto en el Concurso Nacional a la Calidad Arquitectónica 2007, en la categoría de Restauración del Patrimonio Arquitectónico, organizada por el Colegio de Arquitectos del Perú.

Precisamente, el arquitecto Hernán Pareja ha tenido la gentileza de colaborar con este moleskine, al brindarnos este artículo que a continuación presentamos.



PUESTA EN VALOR DE LA CASA VELARDE-ÁLVAREZ.

Referencia histórica:


La ciudad de Huamanga fue fundada por Francisco Pizarro el 29 de enero de 1539 en la zona de Quinua-Huamanguilla. La bautizó como "San Juan de la Frontera de Guamanga", por ser zona limítrofe de guerra contra la resistencia de Manco Inca.

Debido a las inclemencias del clima frío, además de lo agreste del terreno y el hecho de encontrarse la zona densamente poblada por indígenas, a la presión del Teniente Gobernador Vasco de Guevara la villa fue trasladada al asiento denominado Pucaray el 25 de abril del siguiente año, según el acta de reubicación del Libro de Cabildo.

Posteriormente, en 1542, volvió a cambiar de nombre por el de "San Juan de la Victoria de Huamanga", luego de la Batalla de Chupas, donde las fuerzas leales al rey de España, dirigidas por el Comisionado Vaca de Castro, triunfan sobre las de Diego de Almagro "El Mozo".

La ciudad se fundó y pobló por razones militares y defensivas: para contener a los incas rebeldes que se hallaban en la zona de Vilcabamba, al Nor-Este de la localidad, y para guarecer a los transeúntes de la ruta Lima – Jauja - Cusco. Posteriormente, con las tratativas de paz que la Corona española sostuvo con los sucesores de Manco Inca y a medida que se organizaba el territorio andino según los intereses del imperio español, la función de la ciudad varió, convirtiéndose en un centro residencial y administrativo de su territorio contiguo.

Como toda ciudad española fundada en los Andes, Huamanga fue organizada bajo las disposiciones urbanísticas del damero, las cuales ya habían sido utilizadas en Gales en el siglo X y tienen sus antecedentes en las bastidas, ciudades fortificadas que se construyeron en el siglo XIII a raíz de las guerras de los albigenses en Francia (que a su vez corresponde a la tradición de la ciudad-campamento romana.) Éstas fueron difundidas en el “nuevo mundo” por los españoles a partir del siglo XVI.



En la Plaza Mayor se aprecia en la esquina conformada entre el Portal Unión y el Jr Asamblea un inmueble de características muy particulares, denominado casona Velarde Álvarez, por ser esta la última familia que poseyó el predio, antes de que en 1978 pasara a propiedad de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga. También es conocida por el nombre de Casa del General Domingo López del Pozo, Primer Marqués de Mozobamba, quien la adquiriera en 1725.



Las investigaciones han arrojado una serie de 15 propietarios entre el Marqués de Mozobamba y la Universidad de Huamanga, faltando todavía conseguir información de los propietarios precedentes que existieron entre la fundación de Huamanga, en 1539, y el Marqués de Mozobamba, en 1725.


Descripción de la Casona:

En algunos casos, como el de la Casa Velarde Álvarez, nos encontramos ante una casona con todas las connotaciones tipológicas propias de la vivienda virreinal en Huamanga, aunque también con elementos arquitectónicos muy especiales que la hacen particular dentro de su contexto, la preexistencia de una construcción prehispánica, el tamaño y suntuosidad con la que mandaron construir su morada los primeros españoles en esta región.

La edificación esta conformada por tres sectores claramente diferenciados entre sí. El primer sector y más antiguo, que le confiere al inmueble su condición de monumento conformado por las crujías que dan hacia la Plaza Mayor y el Jirón Asamblea. El segundo sector es una construcción de adobe de dos niveles emplazada hacia el lado oeste que es claramente un agregado reciente y sin mayor valor arquitectónico. El tercer sector, ubicado al lado norte del predio se encuentra un sector en ruinas, se pueden apreciar algunos cimientos y muros en mal estado de conservación.

La fachada principal hacia la Plaza Mayor presenta en el primer nivel una galería con arcos de piedra de tipo sillar propio de la localidad, y en el segundo nivel una galería con pies derechos de madera. El ingreso principal está flanqueado por muros de cantería al estilo inca, mostrando un elaborado trabajo de ensamble lítico realizado por mano indígena, pero claramente ejecutado en época virreinal; decimos esto por la forma del aparejo y la presencia de dos perforaciones posteriores en el muro pétreo, que permitían atravesar un madero y asegurar la puerta principal, sistema propio de la época hispana.

La puerta principal es de madera aliso, trabajada a mano y con azuela, adornada con clavos metálicos con cabezas de rosetones. A continuación, la puerta principal abre al gran zaguán con arco de piedra soportando rollizos de alisos y molles. El patio central que muestra un piso empedrado, por lo general en Ayacucho el patio es cuadrangular, abierto y a un nivel más bajo que las galerías o corredores que se construyen con columnas y arquerías de ladrillos o piedras.

Distribución del primer nivel

En el caso específico de la Casa Velarde Álvarez, alrededor del patio se presentan la galería sur, con columnas de adobe y atípicos capiteles de piedra adornados con esculturas de pumas y serpientes, y la galería este con columnas esbeltas totalmente hechas de piedra.

Columna con capitel de piedra en forma de puma

Como se indicó, hacia el lado oeste se encontró una edificación agregada de escaso valor arquitectónico, que una vez demolida mostró los restos de un muro de piedra de estilo inca que hoy se conserva y se puede apreciar completamente luego de los trabajos de restauración.

En el segundo nivel, también se presentan dos galerías interiores: la del sur con pies derechos de madera que descansan sobre bases de piedra muy típicas en Ayacucho y la del lado este, con pies derechos y zapatas muy decoradas con molduras y escamas pero sin bases de piedra, por lo que deducimos que ésta sea la más antigua. Hacia la Plaza Mayor también aparece una tercera galería exterior, con pies derechos pareados sobre bases de piedra, pero definitivamente de época más reciente como lo muestran las evidencias fotográficas.

Distribución del segundo nivel

En torno al primer patio se distribuye el conjunto de habitaciones. Con relación al eje del portón, hacia el fondo se encontraba el principal con cámaras y recámaras colindantes, estos salones eran los principales de la residencia y en ellos se desarrollaba la actividad social de los propietarios de la casa. En muchos casos, junto a estos salones principales se construía un ambiente dedicado al oratorio o capilla, con altar e imágenes de los principales santos; en nuestro caso este sector ya se encontró en ruinas por el colapso de la cubierta ocurrido el año 1996.

Es probable que del patio principal y a través de un pasadizo lateral, se ingresara a un segundo patio en el que se ubicaban los ambientes de servicio, como: cocina, despensa y caballerizas, así como los jardines, huertos y alojamiento para sirvientes.

Varias de las fuentes históricas y algunas evidencias físicas, refuerzan el planteamiento de que originalmente la casa Velarde Álvarez fue concebida sólo de un piso, añadiéndosele posteriormente la segunda planta. Esto explica el hecho de que en un inicio la propiedad debió haber sido más grande, comprendiendo incluso a la propiedad colindante de la familia Lahud, ya que durante el proceso de reparto de solares, se señala que se asignaron los predios por cuartos de manzana.

Esta hipótesis se refuerza por el hecho de haberse hallado vanos de puertas y ventanas que comunicaban ambas propiedades, y también por que se da el derecho de propiedad horizontal sobre dos ambientes del lado oeste. Adicionalmente, la escalera de piedra existente en la casa Velarde Álvarez debió ser añadida cuando se dividió el predio original.

Las casas que contaban con un segundo piso, como la de Velarde Álvarez, inicialmente comunicaban sus ambientes de manera interna, y luego pasaron a hacerlo mediante las galerías o espacios de comunicación externos, por lo que durante los trabajos de intervención se encontraron varios vanos tapiados entre los recintos, los mismos que en alguno que otro caso fueron reabiertos por requerimiento funcional de la adecuación al nuevo uso.


Estado previo a la restauración

Las Obras de Restauración:

El proyecto de restauración y adecuación a nuevo uso de la casona Velarde Álvarez se lleva a cabo mediante el acuerdo suscrito entre la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga y la Agencia Española de Cooperación Internacional. Constituye un proyecto piloto que forma parte de las intervenciones previstas en el marco de recuperación del Centro Histórico actualmente en proceso y que se lleva a cabo de manera conjunta con la Municipalidad Provincial de Huamanga, con el objetivo de contribuir al desarrollo local mediante la priorizacion de la inversión en cultura y patrimonio.



El trabajo de restauración es llevado adelante por el equipo profesional y técnico de Huamanga. Dentro de los criterios para la intervención se debe tener en cuenta que se trata tanto de rehabilitar la edificación y proporcionar las condiciones necesarias para que funcione como Centro Cultural de la Universidad. Por lo cual se plantea como integración a las galerías antiguas, la creación en los lados norte y oeste de nuevas galerías que dan hacia el patio utilizando pilares pareados metálicos recreados a parir de los existentes en la fachada de la casona. De esta manera se guarda la armonía del conjunto sin renunciar a la propuesta arquitectónica contemporánea respetuosa del la construcción que la antecede. Estas galerías implantadas permiten que entre ambas áreas (antigua y nueva) exista un transito fluido y una comunicación visual integradora.



En la parte antigua se ha propuesto principalmente el uso de salas de exposición temporal, así como el servicio de biblioteca y el administrativo. En los ambientes que comprenden la nueva construcción en el lado norte, se ubica en el primer nivel un amplio ambiente para Sala de Usos Múltiples dotado de servicios complementarios como vestidores y depósitos, mientras que el segundo se ha ubicado una cafetería con cocina, despensa y depósito.

Durante el proceso se ha tenido especial cuidado en restaurar la carpintería de madera así como los elementos líticos y la conservación de las pinturas murales existentes contando con profesionales y técnicos apropiados para cada especialidad.

La intención de mantener la integridad el monumento y su autenticidad es trascendente, porque, concluidos los trabajos, tenemos un testimonio de la producción arquitectónica de la ciudad de Ayacucho.


Presionar aquí para ver un video de la Puesta en Valor de la Casona Velarde Álvarez.




Arqº JUAN DE LA SERNA TORROBA
Coordinador
Programa P > D Patrimonio para el Desarrollo (Perú)
Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo - AECID


Arqº RUBY BUSTAMANTE DUEÑAS.
Directora
Plan de Revitalización Integral del Centro Histórico de Ayacucho - PERU.
rbd404@hotmail.com


Bach. Arqº HERNAN PAREJA MEJIA
Encargado de Estudios y Obras
Plan de Revitalización Integral del Centro Histórico de Ayacucho - PERU.
hernanpareja@gmail,com


Para más información sobre los autores, leer los comentarios

VER TAMBIÉN

- ARQUITECTURA COLONIAL EN PERÚ.
Recomiendo también un muy buen blog sobre restauración de Antonio Sanchez Barriga

Arquitectos Juan de la Serna, Ruby Bustamante y Hernán Pareja exhibiendo el Premio Nacional a la Calidad Arquitectónica 2007.