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11 junio, 2009

CALATRAVA: AEROPUERTO DE BILBAO


El aeropuerto de Sondica en Bilbao es una de las obras mejor logradas de Santiago Calatrava. Es un edificio relativamente pequeño (o al menos lo parece así), en comparación a otras obras del autor. Si bien, como es usual en su obra, el arquitecto-ingeniero-escultor opta por una alegoría simbólica y un ritmo estructural como partitura de su edificio, no se llega aún a las extravagancias que caracterizarían posteriores obras como la Ciudad de las Artes y Ciencias en Valencia o el Auditorio de Tenerife, proponiendo a su vez un lenguaje más unitario que la Estación de Oriente en Lisboa.


Foto cortesía de José M. Hernández

Esto se logra gracias al ardid de enterrar parcialmente el edificio en el subsuelo, haciéndolo aparecer como emergiendo de entre las colinas del valle Txoriherri.

El edificio, diseñado en 1990 y culminado en el 2000, reemplaza un antiguo aeropuerto cuya capacidad había quedado obsoleta. Calatrava tuvo entonces la oportunidad de proponer una obra integral, en la que todos los componentes estuvieran involucrados dentro de un partido coherente. El resultado fue un edificio vistoso y lleno de luz.


La dinámica e inclinada pose de sus pilares de concreto es una referencia al pórtico del parque Güell, diseñado por el maestro catalán Antoni Gaudí.


Pero sobre todo, la propuesta sobresale por la escultural metáfora de su cobertura, cuya forma simboliza la de un ave alzando vuelo y por ello se le ha apodado “la Paloma”.


Además de su forma, el edificio destaca por su funcionalidad, organizada claramente a través de una simple pero rigurosa simetría, y que favorece el tránsito fluido de 10 millones de visitantes al año.
El aeropuerto consta de dos zonas: el edificio principal y los estacionamientos.
En el área principal se halla la zona de facturación, comercios y restaurantes, dominada por un gran techo que le da monumentalidad a este espacio central, y cuya forma se refleja en el pulido piso de granito de la estancia.



De ella parten dos alas cubiertas por un techo de aluminio, evocando las alas de un avión, que cumplen funciones de embarque y desembarque.



La circulación y la orientación, aspectos importantes y muchas veces desatendidos en los aeropuertos (lo que más de una vez me ha causado un buen susto), son aquí resueltas eficientemente a través de galerías interiores.


El segundo elemento es el estacionamiento con capacidad para 1500 vehículos, una estructura de 4 niveles cuya fachada de vidrio emerge del césped, estableciendo un diálogo entre lo natural y artificial. Al sumergirlo parcialmente, Calatrava evita el impacto de lo que hubiera sido una mole de 96,000 m2.


Esta es una de las obras que, a mi juicio, mejor expresa el discurso del arquitecto valenciano quien en 1999 obtuviera el premio Príncipe de Asturias de las Artes, es decir, que la estructura, además de sus propiedades tectónicas, puede expresar belleza en sí misma, manteniendo una coherencia formal de todo el partido y sin contradecir la funcionalidad que un edificio de este tipo debe satisfacer.
Recuerdo haberle comentado a la señorita del stand de información:
- Bonito edificio.
- Sí, bonito, pero pequeño y bastante alejado de la ciudad…



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¡Qué sueño!