13 febrero, 2012

ARQUITECTURA COLONIAL EN FILIPINAS (3) ILOCOS

Iglesia de Paoay. Foto cortesía de Huno Garcés.

Algunos de los más notables ejemplos de arquitectura colonial en las Filipinas se encuentran en las provincias de Ilocos, en Luzón, al norte del archipíélago. Es un placer visitar Ilocos, por sus idílicos paisajes naturales y su riqueza cultural e histórica, atesorada en poblados de limpias y ordenadas callecitas que contrastan con el caos enfermizo del tráfico en Manila.

En este post revisaremos dos tipos de arquitectura colonial: la religiosa, en Paoay, y la civil, en Vigan.

IGLESIA DE SAN AGUSTÍN EN PAOAY (1699-1702)


Iglesia de San Agustín en Paoay. Foto cortesía de Rene Apilado.

Uno de los más conspicuos ejemplos de la llamada arquitectura barroca telúrica (earthquake baroque) en las Filipinas, lo constituye la Iglesia de San Agustín en Paoay (1704-1894), declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.



Paoay es un pequeño pueblo situado en una planicie, organizado linealmente en torno a la Avenida Marcos, que lo conecta con otras poblaciones circundantes.
La iglesia, curiosamente, emplaza su nave paralelamente a esta vía principal, mientras que un amplio atrio la precede desde una calle perpendicular.



El terreno donde se asienta es arenoso, por lo que los edificios originales fueron frecuentemente destruidos por terremotos. Sus constructores, padres agustinos, se las ingeniaron para contrarrestar los efectos sísmicos y por esa razón construyeron paredes de gran espesor y enormes contrafuertes en forma de voluta.

Robustos contrafuertes constituyen el epítome de la arquitectura colonial sismo resistente.


Tal como comenta el Padre Pedro Galende:

"Las paredes fueron hechas de piedra llamada de capaza, y ladrillos de 1.67 m de espesor (una braza). La nave principal estaba soportada por 14 harigues (postes de molave) de 60 m de largo (72 varas), 15 m de ancho (17 varas) y 7 m de alto (8 varas) en el transepto y 5.10 m (6 varas) en la nave principal. El cielorraso fue cubierto con ramas de caña de boxo; las ventanas tenían láminas de concha marina translúcida."


En su fachada triangular se advierte su afinidad con el estilo gótico, por el movimiento vertical de sus pilastras y los pináculos que las coronan, aunque hay quienes señalan su afinidad con el monumento budista de Borobudur, en Java, Indonesia.




Otra característica de esta y muchas otras iglesias filipinas es la independencia del campanario con respecto a la estructura principal de la iglesia.

Iglesia de Paoay, Ilocos.
Es común encontrar que, a diferencia de México o Perú, el campanario se encuentra separado de la nave de la iglesia.

"El primer campanario fue construido con postes de madera de 3.50 m de altura (4 varas). Habían tres campanas. Fr. Tomás Torres amplió la torre [...] desde 1753 a 1756. Fue hecho con piedras de coral machacadas, de 12 por 16 pulgadas de ancho, y con abrazaderas de madera moldava puestos juntos, con la ayuda de piedra caliza pulverizada mezclada con melaza".



El interior de la iglesia es una nave cuya cobertura está sostenida por una estructura de par y nudillo.

Interior de la iglesia


VIGAN

Vigan, Ilocos. Típica calesa subraya el sabor añejo de este espacio urbano

El encantador poblado de Vigan en Ilocos sur, es el ejemplo de arquitectura colonial hispana que se halla mejor conservado en Asia. Sus calles trazadas en cuadrícula de acuerdo a las Leyes de Indias, mantienen una colección bastante preservada de casonas coloniales de paredes blancas y pintorescos balcones. Si bien algunas de sus características me evocaron inevitablemente a la arquitectura de mi natal Arequipa, Perú, lo cierto es que existen diferencias con respecto a las ciudades latinoamericanas, ya que Vigan recibió influencias chinas e ilocanas.

Vigan, Ilocos. Detalle del balcón. Las ventanas, en lugar de vidrio, utilizan una concha marina translúcida.

Vigan, un antiguo puerto ubicado en una isla cerca al río Abra, nació en 1574 como un punto estratégico de comercio con China. La población, una mezcla china y filipina expresó su mestizaje también en la arquitectura de madera y con techos inclinados, inspirada en el bahay-kubo, la vivienda tradicional filipina.


Por su parte, los españoles preferían la arquitectura de piedra de coral, llamadas bahay na bato, combinadas con elementos de madera, principalmente en los balcones y celosías.


En ocasiones se construía un primer piso de piedra sobre el que se erigía un segundo nivel de madera.


La traza en damero, típica de las ciudades coloniales españolas, presenta una plaza excéntrica hacia el norte, vinculada a una plaza secundaria conexa. Muchas de las calles mantienen un perfil compacto y sin retiro.


Este pueblo, sin embargo, estuvo a punto de desaparecer durante la segunda guerra mundial. Durante la ocupación japonesa, un general se instaló en Vigan en 1943. Cuando en 1945 los aliados empezaron a reconquistar Filipinas, usualmente los japoneses en retirada dejaban los pueblos que habían ocupado en cenizas. Sin embargo, este general estaba casado con una filipina. Antes de partir en retirada, dejó a su familia en la iglesia de Vigan, prometiendo preservar el pueblo a cambio de protección para su familia. Así es como Vigan sobrevivió intacta hasta nuestros días.

La casa donde se inslaló en general japonés.

Dado su valor histórico, la calidad de su fábrica, su escala urbana y su estado de conservación (uno de los pocos lugares no afectados por guerras), mereció también ser considerado en la lista de la UNESCO. A pesar de estar notablemente comercializada para fines turísticos, constituye toda una experiencia el recorrer a calesa estas callejuelas adormecidas en el tiempo, cuyos adoquines de piedra resuenan al traqueteo de los cascos de caballo.



Presionar aquí para ver vistas en 360 del Pueblo de Vigan.

Si bien México estuvo muy vinculado a las Filipinas, hay también una influencia cultural del Perú aunque en menor grado, particularmente en aspectos religiosos. El peruano San Martín de Porras es el uno de los santos más populares en el archipiélago. Además, Santa Rosa de Lima, es "oficialmente" Patrona del Perú, las Américas y las Filipinas.
Me sorprendió mucho que, al comentar ese detalle, allá nadie lo conocía...

VER TAMBIÉN

- ARQUITECTURA COLONIAL ESPAÑOLA

23 enero, 2012

ARQUITECTURA COLONIAL EN FILIPINAS (2). INTRAMUROS

Foto cortesía de eazy traveler.
ENGLISH

Camino por las calles de Intramuros y siento una sensación de deja-vu, de deliciosa familiaridad. Me sorprendo cuando una de mis amigas me invita un chicharrón, que me evoca a la comida de mi tierra (aunque aquí esta riquísima corteza de cerdo frita se escribe tsitsaron). El paisaje que me rodea me hace aludir a imágenes coloniales de Arequipa, en Perú, Antigua en Guatemala o México.


Interior de patios y casonas en Intramuros

Iglesia de San Agustín.

No es casual. Intramuros fue fundada sobre la base de un antiguo asentamiento tagalog, en la confluencia de la bahía de Manila y el río Pasig, por Miguel López de Legazpi en 1571, quien había llegado de México a la isla de Cebú, posteriormente enrumbó hacia el norte hasta llegar a este lugar.

Intramuros, Manila. Ver imagen en Google Maps

Intramuros fue la capital de la nueva colonia española de las islas “Felipinas” y fue un punto clave en la ruta comercial entre Asia y América (Manila y Acapulco) que permitió, mediante galeones, que se realizara el sueño de Colón de que España pudiera llegar a las Indias Occidentales. Y si bien EnlaceAmérica se benefició con productos como mangos, seda, papel, los sobres y los mantones de Manila, los filipinos también recibieron una importante influencia latinoamericana, en cuanto a la comida, la religión, el arte, y la arquitectura mestiza (por supuesto, también en el lenguaje. A la plétora de palabras hispanas que se incluyen en el lenguaje filipino moderno, se suman algunas de origen azteca, como nanay –mamá- o tatay –papá).


El nombre de Intramuros me evoca la idea de un sector aislado, protegido de la expansión urbana y que alberga dentro de sí joyas históricas, pero también la idea de protección contra ataques de piratas o invasores (en este caso chinos, holandeses e ingleses).


Restos de baluartes y fortificaciones

Pero lo cierto es que Intramuros también implica una exclusión social, la diferencia a los que estaban dentro de las murallas (blancos y mestizos) de aquellos nativos que vivían en extramuros. Parece ser sin embargo, que a mediados del siglo XIX esa tendencia se había disuelto en una sociedad más inclusiva para ciudadanos de todas las razas y estratos sociales, tal como lo narra un viajero británico de la época.

Filipinas mestizas a finales del siglo XIX

Urbanamente, Intramuros se concibió como una fortificación trapezoidal, en la cuña que forman el mar y el río Pasig (hoy en día los rellenos sobre el mar dificultan esa lectura). En su interior se organiza una trama rectangular, en uno de cuyos extremos se hallaba la plaza mayor, rodeada por los poderes más importantes de la época: la catedral, la gobernación y la cárcel. En ese sentido, Intramuros se asemeja a otras ciudades fortificadas en Hispanoamérica, como Lima, por ejemplo.

Intramuros en 1784.

Intramuros en el siglo XVII, mostrando los alrededores o "extramuros"

Además de la catedral, la ciudad se hallaba salpicada por las torres de otras congregaciones, como Franciscanos, Dominicos y Agustinos.

La Catedral antes de 1945
Vistas de la Catedral

Las calles, como otras ciudades coloniales hispanas, presentan perfiles compactos, sin retiros ni jardines frontales, pero con balcones y arquerías, que fueron cambiando con los años debido a las catástrofes que asolaron la ciudad.



No obstante, al interior las edificaciones se organizan en torno a patios o claustros, que permiten brindar iluminación y ventilación a los ambientes interiores, además de generar un microclima y establecer un espacio social y funcional a las mismas.






Mención aparte merecen las fortificaciones, ejecutadas durante siglos, y las puertas, artísticamente decoradas como en el caso de la Puerta del Parian o la Puerta Real.

Puerta del Parian.

Puerta Real en 1899.



Vídeo de Intramuros en su etapa española
Presionar aquí si no puede ver el vídeo

José Rizal, máximo prócer de la independencia filipina, fue arrestado y fusilado en el fuerte Santiago en Intramuros. Antes de morir, escribió su inmortal poema "Mi Último Adiós".

Intramuros permaneció intacta hasta la colonización de Filipinas por EE.UU. donde se llevó a cabo ensanches de calles y puertas.
El siguiente vídeo muestra los efectos de la modernización durante la colonización norteamericana, que transformó a Manila de un "adormecido pueblo español" a una metrópolis estratégica en Asia, gracias a su renovación urbana, implementación de servicios e infraestructura y desarrollo de la economía. El documental no dice nada, sin embargo, de que la colonización se llevó a cabo luego de una vergonzosa traición de EE.UU. a los Filipinos y que la guerra de la independencia Filipino-Americana le costó a este país entre 200,000 y 1.4 millones de muertos (por eso insisto que siempre hay que escuchar ambos lados de la historia).



Pero no serían los americanos sino los japoneses quienes causarían mayores estragos a Intramuros y a Manila en general. Tras el bombardeo a Pearl Harbour, y como represalia tras la respuesta americana, Japón invadió Filipinas (en realidad era el pretexto que estaban esperando). Manila, que estaba bajo el comando del general Douglas MacArthur, se rindió prontamente para evitar la destrucción de su patrimonio y la pérdida de vidas.

- "¿Piensas dejar Manila, Douglas?"
- "No te preocupes, Carlos. Iré a Australia por un tiempo, pero he de volver."

En la penumbra de la fortaleza, se oculta un soldado japonés.

En los 3 años y medio que duró la brutal ocupación nipona se produjeron entre 1 y 2 millones de muertos filipinos. En su batalla final contra los norteamericanos (quienes, en una de esas vueltas que da la historia, se volvieron los libertadores de los filipinos), los japoneses no dudaron en pasar por la bayoneta a la población local, incluso a niños y mujeres embarazadas, y de incendiar Manila durante retirada.


Nota:Este vídeo histórico contiene escenas que pueden ser impactar la susceptibilidad de algunos lectores.

Como consecuencia de ello y del fuego cruzado entre ambos bandos, Intramuros quedó devastada y todas sus estructuras destruidas, a excepción de la Iglesia de San Agustín. Sólo en la batalla de Manila más de 100,000 civiles filipinos perdieron la vida.


- "Eso es igual a las muertes por las bombas en Hiroshima y Nagasaki" me dice un viejo guía en una comparación terrible y un tanto inexacta, pero que refleja el profundo dolor de aquella experiencia que vivió en carne propia y que le ha acompañado toda la vida.

Intramuros, Manila en 1932, antes de su destrucción en 1945

Foto cortesía de DebraEve

Hoy, se ha reconstruido gran parte de esta ciudadela (que, dicho sea de paso, ha contado con la cooperación española, norteamericana y japonesa) aunque es una de los monumentos en la lista de patrimonio en peligro por la UNESCO. Intramuros no es un memorial deprimente, trágico, como lo es, por ejemplo, la Isla del Corregidor. Por el contrario, derrocha alegría, festividad y frenesí, y mientras algunos extranjeros juegan golf en el campo que rodea al monumento, muchos otros expresan en su bullicioso y extrovertido carácter un optimismo por tiempos mejores. Soy consciente, sin embargo que este lugar no es meramente histórico, es un símbolo de la tenacidad y el sacrificio filipinos por conseguir su independencia, que finalmente lograron en 1946.