01 octubre, 2013

UNA VISIÓN SOBRE ARQUITECTURA MEXICANA. INTRODUCCIÓN


Tengo el sumo placer de incluir en este blog una serie de entregas sobre arquitectura mexicana. A través de miles de años la arquitectura mexicana ha logrado destacarse por su calidad, colorido y belleza. Para este fin, cuento con el invalorable aporte del arquitecto Francisco Pérez Vilchis* quien, ha tenido la gentileza de compartir sus ideas y conocimientos sobre este fascinante tema.


1.- PROLOGO
Son innumerables las ocasiones en las que se habla de la cultura mexicana sin mencionar siquiera a la arquitectura. La aberración no puede ser mayor: la arquitectura no es sólo la más conspicua de las artes, aquélla de la que nadie puede sustraerse; es la que conforma con mayor claridad uno de los rostros de determinado grupo humano y tiempo histórico, la que define con mayor contundencia la identidad del hogar colectivo: en el caso particular de México. Además de todo eso, la arquitectura ha sido un fiel espejo de nuestras pasiones, contradicciones y búsquedas, de nuestras auto-traiciones y aciertos, de nuestras más nobles pesquisas intelectuales y nuestras más flagrantes injusticias sociales. La arquitectura a lo largo de la historia -desde la precolombina, hasta la que hoy mira con ilusión el inicio de un nuevo siglo, ha sido una de las manifestaciones más ricas, fascinantes y representativas de nuestra cultura nacional.





Lo que intenta este sencillo texto, es una breve radiografía arquitectónica que nos permita ver de manera simple, la arquitectura del México antiguo, al México reciente. En ella podremos reconocer la grandeza y perfección de lo construido en la era precolombina, a nuestra proclividad por los modelos extranjeros, los paradigmas con que nos siguen deslumbrando los imperios y nuestras ininterrumpidas colonizaciones, lo mismo que las luchas, no siempre bien encaminadas, por descubrir, inventar o forjar lo que verdaderamente somos, por preservarlo y hacerlo florecer. Veremos aparecer diversos proyectos de nación que han tenido los regímenes en turno, y los que grupos privados, crecientemente fuertes y protagónicos, han ido introduciendo entre nosotros. Estarán aquí presentes los caprichos de tantos funcionarios que conciben las magnas obras como monumentos al sistema y a sí mismos, y la labor silenciosa de grupos marginados que, acumulando lo que van pudiendo, han construido (o amontonado) sectores ya amplísimos de nuestras ciudades.
Esta mezcla de ingenio, grandeza, monumentalidad, autoafirmación y xenofilia, esta combinación de ingenio técnico, voluntad creadora y hondura cultural, este amasijo de complicidad y corrupción, con la puesta en marcha de hidalgas cruzadas personales y colectivas, este engendro de profundas convicciones, arbitrariedades, de necedad, de vulgar economía, y talento claro, esta amalgama contra-natura de frivolidad y poesía, han dado como resultado el producto notable que es la arquitectura mexicana.
Nuestra buena arquitectura no ha pasado su historia en un mundo de exquisiteces y embelesos. Ha sido militante de las mejores causas, de nobles luchas sociales y reivindicaciones artísticas. Ha aprendido de la experiencia ajena, ha reflexionado mucho, ha creído en su lugar como parte y constructora del futuro nacional.
Podremos sorprendernos al saber que al día de hoy, no hemos sido capaces de conocer quiénes fueron los verdaderos constructores de Teotihuacán. También podremos comprender hasta qué punto el porfiriato, sentó las bases firmes sobre lo que hemos edificado después y cuáles fueron las razones profundas por las que limpias inteligencias pugnaron por resucitar – equivocadamente para mí, la arquitectura de nuestros ancestros prehispánicos y coloniales. (Tendencia esta última que, degradada hasta el fondo, prospera todavía en nuestros tiempos) Quien solo de un vistazo a las ilustraciones, ignorará las batallas por convertir la razón arquitectónica en instrumento de equidad social. La admirable tenacidad de nuestros heterodoxos y la forma en la que México ha estado a la vanguardia de la tecnología constructiva en el mundo, desde hace muchos siglos.


Otra sorpresa que se llevará el lector, será la de comprobar que en la arquitectura el centralismo ha sido menos fatal que en otros campos, y que artistas de todo el país, han hecho aportaciones trascendentes. Podremos preguntarnos: ¿Existe de verdad, o ha existido, una arquitectura mexicana? Pienso que sí, tanto como han existido una pintura, o una escultura mexicana, aunque obviamente con modalidades propias. A pesar de que todas las grandes corrientes universales han tenido en México seguidores, en sus mejores ejemplos no se han realizado simples transcripciones, sino interpretaciones con una distinta sensibilidad y desde la cultura nuestra, adecuándose además a las condiciones climáticas, tecnológicas y económicas de esta realidad. El uso del color, por ejemplo, o la voluntad pertinaz de contar con el aporte de la pintura y -en grado menor- de la escultura, o un tratamiento de los espacios abiertos singular y cargado de alusiones, o la combinación de texturas y materiales disímiles, son señas definitorias, elementos que retoman y renuevan una tradición y legitiman aportaciones al mundo.
Además están quienes han recogido la herencia popular, de nuestras regiones y la han reinterpretado con una sabiduría y una fuerza creadora que en México han sido particularmente exitosas. En los grandes momentos de nuestra arquitectura ha existido la convicción, por parte de quienes la hacen y quienes la patrocinan, de que no se trata nada más de resolver y resolver bien problemas de uso, sino de hacer ciudad. De construir cultura, de fraguar identidad, y de darle mediante ese trabajo, existencia tangible a una abstracción llamada México.


A pesar de los grandes ejemplos precolombinos, la arquitectura tradicional ha sido capaz de levantar notables edificios y conjuntos de estos; pero no ha sido capaz de preservar ni crear ciudades armónicas. Con muy pocas excepciones –por lo común, solo en aquellas en las que el pasado sobrevive y en las que la arquitectura de hoy ha intervenido limitadamente. Nuestras urbes, mayores y pequeñas son ya verdaderos pozos de fealdad desorden e incoherencia, la falta de verdaderos controles edilicios, la aplicación laxa de leyes y reglamentos, la sumisión ante los poderosos, la enajenación del mercado, el individualismo exhibicionista de muchos profesionistas, y sobre todo, la falta de compromiso y talento, han consumado el desastre. Las intervenciones de arquitectos “modernos”, en ámbitos ó en edificios históricos –en las que yo tengo tanta fe, han sido la mayoría de las veces desafortunadas, cuando no, francamente destructivas.
Por si todo esto fuera poco, comúnmente nuestra arquitectura y nuestro urbanismo ni han respetado a la naturaleza, ni han sabido sacar provecho a sus múltiples dones. Igualmente se ha desarrollado una arquitectura “prestigiosa” que solo parece ser capaz de buenos logros, cuando tiene a su disposición caudales de recursos ilimitados, violentando la dimensión ética y social de su quehacer.




Así, la arquitectura mexicana, también ha cometido errores gordos, sin mencionar la aplicación extra lógica y servil de modas espurias. Por esas y otras culpas, han pagado justos por pecadores: El asolamiento y adulteración de los productos arquitectónicos de nuestro siglo, incluso en sus ejemplos más destacados, se ha producido extensamente ante nuestra mirada indiferente. La primera víctima del desprecio fue la arquitectura precolombina, vista por el conquistador como enemigo a vencer, para imponer –de manera literal, la representación de su imperio. Otra víctima significativa fue la arquitectura porfiriana, vista por muchos como algo abominable, como un producto desnacionalizante de una era políticamente maldita, edificios de “mal gusto" que convenía quitarnos de encima. De Mérida a Guadalajara y a la ciudad de México, barrios enteros cuya única falta, cuyo único “pecado” era el reflejar el clima de su momento, fueron destrozados para abrir paso a la nada, fracturando gravísimamente la continuidad de nuestro legado. Pero no sólo esa arquitectura ha sido diezmada: la especulación inmobiliaria y los proyectos de "urbanismo político" han acabado con verdaderos tesoros más recientes, y la ignorancia, la soberbia y la estulticia han desfigurado a muchos otros.
En estas tierras desasosegadas, la naturaleza ha sido también implacable devastadora: ciclones e inundaciones, y sobre todo terremotos, han echado abajo edificios cuyas excelencias estéticas y funcionales eran, por lo visto, mayores que sus virtudes constructivas. Particularmente, el macro-sismo de 1985 en la ciudad de México demolió o dañó sin remedio piezas clave de nuestro acontecer arquitectónico y cultural. Y la oportunidad irrepetible de enderezar ciertas áreas de la capital a partir del estragamiento, no fue aprovechada cabalmente.


Este escrito nace con tres propósitos: primero, el de desagraviar a una actividad crecientemente vista con el más chato pragmatismo, y que por el contrario constituye, como dije al principio, un precioso, contradictorio, complejísimo y apasionante testimonio de la vitalidad de nuestra cultura; segundo, intentar una lectura fresca de la arquitectura mexicana, mediante un acercamiento crítico y desprejuiciado a ella, y tercero, poner en su lugar a épocas, tendencias, áreas geográficas para un fácil acercamiento. Es claro que estos propósitos se lograron sólo en parte: habrá que proseguir la tarea. También, reconocemos que nos hemos establecido poco espacio: prácticamente todos los capítulos, los apéndices e incluso las viñetas con los que se arma este escrito, tienen sustancia para convertirse en largos ensayos por sí solos; confío en que aparecerá quién los realice.

Universidad Nacional de México

 A veces pienso que éste es un escrito ambicioso en exceso: no se ha querido dejar afuera casi nada. Sin embargo, es tan vasta la riqueza y tan grandes y abundantes los espacios por llenar, que la ambición imposible se comprende. Y ahora, una simple aclaración: Jamás se pensó en este ensayo como: La obra definitiva, como la interpretación final y totalizadora: eso no existe para las cosas vivas. Aquí se expone, tan sólo, un escrutinio hecho de manera simple y de buena fe, desde mi óptica particular. Espero que vengan nuevos aportes que amplíen nuestras perspectivas, enriquezcan nuestros análisis, e incorporen elementos valiosos que pudiesen ser injustamente olvidados.



Para quienes han hecho posibles los grandes valores de nuestra arquitectura, este sencillo escrito es un reconocimiento y un homenaje. Para quienes han propiciado sus defectos, descuidado y deformado a nuestras ciudades; para quienes se han mostrado incapaces de atajar la miseria que ha puesto a la arquitectura fuera del alcance de mayorías que no menguan, es una inculpación y una querella. Para los que en el futuro tengan en sus manos nuestra casa común, y levanten los edificios dentro de los que -o entre los cuales- discurrirá la vida de todos nosotros, es un recordatorio de que tienen allí, indeclinable, un compromiso con la historia, con la imaginación, con las raíces y el porvenir, con la justicia y la verdad, con la cultura, la sociedad y la naturaleza.
Ojalá que nuestra arquitectura logre aportar lo suyo para la construcción de un México mejor, sin perder sus enormes raíces y ricas tradiciones, una expresión que nos distinga del mundo, que tenga vida y que siga siendo México. Ojalá que, a su vez, nosotros sepamos agradecer a esta arquitectura, a este noble oficio, lo mucho que ya le debemos.



* Francisco Pérez Vilchis, arquitecto graduado por la UNAM, ha colaborado para varios de los despachos más importantes de arquitectura en México. Ha participado en múltiples obras, y ha sido galardonado como ganador de la I Bienal de Arquitectura 1998, en las categorías de Arquitectura Industrial y Edificación Diversa. En 2006 construye al lado del Arq. Ricardo Legorreta Vilchis, el Hotel “La Purificadora” en Puebla, obra premiada a nivel internacional; Desde 2006 tiene participación directa en diversos proyectos en Phoenix Arizona E.U. Realiza en 2009, su primer proyecto para una tienda minorista en Brasil; En 2011 obtiene la Certificación Internacional APEC. En 2012 formaliza operaciones en Brasil, dirigiendo la empresa Zcala Brasil Arquitetura LTDA con sede en Porto Alegre. Desde 1993 está al frente de la empresa. Es miembro de la FECARM (Federación de Colegios de Arquitectos de la Republica Mexicana) miembro AIA (American Institute of Architects) y miembro UIA (International Union of Architects).

3 comentarios:

Carlos dijo...

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