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12 diciembre, 2008

LA CASA ESTUDIO DE LUIS BARRAGÁN

EnlaceENGLISH

La casa – estudio de Luis Barragán en México, es una obra maestra de la arquitectura moderna en Latinoamérica y el mundo entero. A pesar de estar sólidamente edificada en los principios del movimiento moderno, el vocabulario de Barragán es claramente mexicano, alejándose de la imagen industrial del vidrio y el acero del Estilo Internacional europeo para buscar transmitir, mediante la solvencia y sencillez de su lenguaje, sensaciones de calidez y belleza, serenidad y contundencia. Es por ello que esta obra, construida en 1947 y remodelada sucesivamente, es la única vivienda individual en América Latina declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO .

ANTECEDENTES

Luego de mudarse de Guadalajara a México, Barragán empezó a incursionar en el desarrollo inmobiliario, creando urbanizaciones tan importantes como el Pedregal de San Ángel, concluida en 1945. Resulta curioso que, a pesar del éxito comercial de este suburbio, Barragán haya escogido para su vivienda el barrio popular de Tacubaya, donde en 1943 desarrolló su primera vivienda en el número 20 de la calle General Ramírez, y que le sirvió de laboratorio para desarrollar sus ideas de arquitectura.

Casa Ortega, en el número 20, primera casa experimental del Barragán.

Posteriormente vendería esta vivienda (que sería conoce como la casa Ortega) y, en la misma cuadra, construiría su vivienda en el número 14 y su estudio en el número 12.

CONCEPTO

Como otras obras de Barragán, la fachada modestísima no da cuenta de la riqueza arquitectónica que se encierra tras ella. Como una muestra de sencillez, la composición de fachada y el acabado de la misma son muy austeros, integrándose con las casas vecinas, y cuyo único adorno lo constituye una ventana saliente conformando una caja de rejas en retícula .

Detalles de la fachada y la ventana saliente.

Dos aspectos matizan la intensa experiencia de recorrer la casa: la concepción de la luz y el manejo del color. Ambos estimulan la pupila desde el sosiego de plácidos ambientes hasta el vívido contraste de rosados y amarillos con glaucos tonos y la cálida madera.


El diseño es una dramática sucesión de espacios que se concatenan generando efectos visuales y espaciales, pero al mismo tiempo se organizan en un todo integral y balanceado. Es al mismo tiempo un espacio monástico y sensual, amplio e íntimo, una parte y un todo. Como escribía Alfonso Alfaro:
“Luis Barragán es un creador de espacios serenos pero por cuya biblioteca deambulan fantasmas inquietantes: Él es al mismo tiempo un asceta y un dandy, un empresario y un artista, amigo de las Reverendas Madres Capuchinas y lector de Baudelaire, devoto de San Francisco y cercano a los muralistas, exquisito y rural; un hombre, en fin, cuya herencia barroca se expresa en una obra casi del budismo zen”.


Fachadas y cortes. Imágenes cortesía de Casa Luis Barragán


PRIMER NIVEL


Primera planta. Imagen cortesía de Casa Luis Barragán
La fachada austera no deja lugar a imaginar la serie de impactos visuales que se desarrollan al interior de ella. Solamente al ingresar nos recibe una pequeña habitación ámbar, un espacio alargado de piso volcánico de paredes retranqueadas. En una de las paredes de este recibo, recubierta de madera, se adosa una plataforma de madera a modo de banca, un gesto que me recuerda al recibo de la Capilla de las Capuchinas en Tlalpan.

Recibo. Foto cortesía de Casa Luis Barragán


Al traspasar este pequeño espacio nos encontramos con un llamativo muro de color rosa, perteneciente al vestíbulo.

Vestíbulo. Foto cortesía de Casa Luis Barragán
Este colorido fondo contrasta con el blanco del resto del ambiente, en torno al cual se organizan las circulaciones tanto en el primer nivel (hacia la zona de servicios como la zona social) así como las escaleras al segundo nivel, una volumetría masiva sin barandas reminiscente de la arquitectura mestiza colonial (fue inevitable mi asociación de este espacio con algunos rincones del Monasterio de Santa Catalina en Arequipa). Precisamente las escaleras se hallan adornadas con un cuadro dorado de Matías Goeritz, pintor polaco con quien Barragán mantuvo amistad por muchos años.

Alineación al centroVestíbulo. Foto cortesía de Paula Moya

De la escala íntima del vestíbulo pasamos a la doble altura de la estancia biblioteca en donde el espacio se expande con cierta dosis de monumentalidad. No es sin embargo una entrada directa, ya que nos recibe un biombo y al voltear, la mirada hacia el jardín, el cual se integra francamente al interior a través de una generosa mampara cuadrada en forma de cruz.


En este momento experimenté un dejá vu… Yo he visto esto antes en algún sitio… ¡Claro! ¡Es la Iglesia Sobre el Agua de Tadao Ando! Cuando lo comento con el guía, me refiere efectivamente que, durante su visita a esta casa, Ando confesó que este espacio fue de inspiración para su afamada iglesia, sin que el japonés ocultara su admiración por el arquitecto mexicano.
Esta ventana se vale también un recurso interesante, ya que diera la impresión de estar empotrada en un profundo muro, a la usanza de las casas coloniales. Barragán utiliza este ardid frecuentemente, ya que si bien sus muros son delgados, se vale en este caso de un depósito para dar profundidad a la mampara.

Estancia. Foto cortesía de Casa Luis Barragán

Un gesto semejante puede percibirse en la biblioteca contigua, en una ventana cuadrada que es la misma que se proyectaba en la fachada. Esa proyección permite darle profundidad al muro de la biblioteca, al tiempo que los vidrios opacos la separan visualmente del mundano exterior.

Esta ventana prominente viene a ser una ventana hundida en la biblioteca

En esta biblioteca se encuentra una impresionante escalera, ligerísima, que se pliega hasta ascender hasta la sala de música, separada de la biblioteca por un tabique a media altura.


Bibioteca, con la escalera hacia la sala de música. Foto cortesía de Casa Luis Barragán

La biblioteca también se organiza mediante varios biombos que si bien separan sus funciones, permiten que el espacio sea apreciado como un espacio único.

Biblioteca. Foto cortesía de Casa Luis Barragán


La estancia biblioteca se comunica hacia el taller, un espacio de doble altura y ventanas altas, desvinculado del mundo, cuyo techo de madera pintado de amarillo le da un carácter especial a este espacio de máxima concentración y trabajo. Como dijimos, el taller tiene también su entrada independiente desde la calle, aunque ésta no da al ambiente de trabajo propiamente dicho, sino a una secretaría y ambientes de recepción. Pero el taller, este santuario de creación, se encuentra aislado del contacto visual precisamente para dar intimidad al maestro. Sólo el volumen de la escalera se impone con presencia en el espacio, de pisos de madera, paredes blancas e iluminado cenitalmente.
Taller. Foto cortesía de Casa Luis Barragán
Al otro extremo de la casa, hacia el jardín se encuentran los servicios, la cocina, el desayunador y el comedor. Estos ambientes se encuentran diseñados para gozar de vistas hacia el jardín, el desayunador aprovecha la incidencia solar matutina para bañarse de luz a través de una estrecha ventana alta.

Desayunador. Foto cortesía de Casa Luis Barragán

En tanto, el comedor, de mobiliario sencillo, goza de una espléndida vista a través de una generosa ventana. Decora el ambiente un cuadro de un Arcángel, del afamado artista mexicano Jesús Chucho Reyes.

Comedor. Nótese que la mesa está adosada y tiene una sola cabecera, pues a Barragán le gustaba ser el único quien presidiera las cenas. Foto cortesía de Casa Luis Barragán

SEGUNDO NIVEL

Segunda planta. Imagen cortesía de Casa Luis Barragán

El vestíbulo que comentáramos al principio del primer nivel nos conduce a la segunda planta, al vestidor o Cuarto de Cristo, un espacio de luz amarilla que distribuye la circulación a las habitaciones del maestro y a la terraza y que, como diría Barragán, “reduce las tensiones traídas del exterior” antes de ingresar a su aposento.

Cuarto de Cristo. Foto cortesía de Casa Luis Barragán

Aquí especialmente (como en toda la casa) pueden apreciarse dos características de la personalidad del arquitecto: su respeto por la soledad y su fervor religioso. Barragán nunca se casó ni tuvo hijos (lo cual no le impidió haber sido muy popular con las mujeres) de allí que sus aposentos eran sólo para él. De allí que el mobiliario refleja su austeridad, como la simple y larga cama (no olvidemos que Barragán medía 1.90 m) los muebles simples y los objetos religiosos.

Dormitorio principal. Foto cortesía de Casa Luis Barragán

Junto a su dormitorio se ubica la habitación de la tarde o Cuarto Blanco, un ambiente que también comparte ese aire monacal y circunspecto.

Cuarto blanco. Fotos cortesía de Casa Luis Barragán

Hacia el otro lado de la casa, mirando a la calle se ubica la habitación de huéspedes (aquí había antes una terraza) y contigua a ella se encuentra la sala de música o tapanco, que como dijimos, se vincula a la biblioteca mediante una ligera escalera. Desde aquí puede leerse la continuidad del espacio a través de las vigas.
El guía nos muestra una ventana que al abrirse conforma una cruz de luz. “No sé si el espíritu de Tadao Ando me persigue” le comenté “pero esta idea me recuerda poderosamente a su Iglesia de la luz en Osaka”.
“Así es”, respondió el guía. “Ando declaró aquí que la idea de esta ventana fue una inspiración en la concepción del tema de su iglesia”.

Dormitorio de visitas. Nótese la forma en cruz de la ventana. Foto cortesía de Casa Luis Barragán

LOS ESPACIOS EXTERIORES

Desde el taller, una salida indirecta nos conduce al patio de las ollas, un exquisito espacio cuya escala perfecta perspira intimidad y serenidad, y en el que el arquitecto incluye una pileta, una pátina de agua, un gesto que repetiría en muchas otras de sus obras.
Patio de las ollas. Foto cortesía de Casa Luis Barragán

Las ollas de distintos tamaños, símbolo de la artesanía mexicana, contrastan con la pared rosada donde repta una enredadera.

De esta sublime intimidad pasamos al jardín, el cual el arquitecto dejó crecer en libertad y de allí su apariencia semi-natural. Es posible también ver desde aquí las cicatrices de numerosas intervenciones y remodelaciones a la casa, que el arquitecto no se esforzó en disimular.

Jardín. Foto cortesía de Casa Luis Barragán
LA TERRAZA

Terraza. Imagen cortesía de Casa Luis Barragán

En la terraza, a la que se accede desde el Cuarto de Cristo en la segunda planta, el arquitecto despliega su maestría al trabajar los requerimientos funcionales como tanques de agua, lavandería y cuartos de servicio para dotarlos de poesía en una serie de planos y volúmenes que conforman una composición abstracta y un laboratorio cromático.

Terraza. Fotos cortesía de sachiyo

CONCLUSIÓN

Creo que esta es una de las visitas que más me haya impresionado. Al salir, es difícil poder resumir el sinnúmero de sensaciones almacenadas en el recorrido, es difícil reproducir en palabras la belleza que estos espacios transmiten. Ha sido una lección de contundencia y claridad en los principios arquitectónicos y los postulados de la arquitectura moderna. Pero es fundamentalmente una lección de humildad, de cómo se puede lograr tanto con tan pocos recursos, de cómo se puede llegar a ser eterno sin aspavientos, de cómo mediante el silencio se puede decir tanto. Algo característico en la arquitectura del gran maestro Luis Barragán.


VER TAMBIEN

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OTRAS OBRAS DE LUIS BARRAGÁN


- VIVIENDA UNIFAMILIAR

- ENLACES EXTERNOS


Junto a mi amable anfitrión y amigo, el arquitecto Paco Perez V.

18 agosto, 2008

CAPILLA DE LAS CAPUCHINAS: BARRAGÁN


LUIS BARRAGÁN: CHAPEL OF THE CAPUCHINAS.
ENGLISH VERSION


“…En proporción alarmante han desaparecido en las publicaciones dedicadas a la arquitectura las palabras belleza, inspiración, embrujo, magia, sortilegio, encantamiento y también las de serenidad, silencio, intimidad y asombro. Todas ellas han encontrado amorosa acogida en mi alma, y si estoy lejos de pretender haberles hecho plena justicia en mi obra, no por eso han dejado de ser mi faro.”
Luis Barragán, discurso de aceptación del premio Pritzker

Mis gentiles anfitriones, la familia Pérez, me conducen por las graciosas callecitas adoquinadas y llenas de vegetación que, alejadas del ruido de la metrópoli mexicana, definen la Colonia Tlalpan.
“Vamos a ir a una capilla que es Patrimonio de la Humanidad de UNESCO, donde hice mi Primera Comunión” dice la hijita mayor. Intrigado, imaginé que iríamos a alguna de las soberbias iglesias coloniales de enorme valor patrimonial en México. Grande fue mi sorpresa cuando nos detuvimos frente a un portón adusto enmarcado en un muro que configuraba una fachada de lo más sobria y anónima.

Adusta fachada, oculta una joya arquitectónica en su interior. Foto cortesía de picach.

Para mi sorpresa, tras el muro adusto resultó encontrarse la famosa la Capilla y Convento de la Capuchinas Sacramentarias, obra del maestro Luis Barragán. Barragán es el más famoso arquitecto mexicano y junto a Oscar Niemeyer el único arquitecto latinoamericano en haber obtener el prestigioso premio Pritzker de arquitectura. De hecho, cuando Jay A. Pritzker le concedió el premio fue por considerar que me Barragán se había dedicado a la arquitectura “como un acto sublime de la imaginación poética”.

Detalle de la pileta y el reflejo de la celosía. Foto C. Zeballos

Dueño de una profunda religiosidad, el maestro dota sus obras de placidez y serenidad, utilizando un vocabulario formal netamente mexicano, un expresivo carácter tectónico de los materiales, un sublime manejo de la luz y un estudiado pero sencillo tratamiento del espacio.
Sin embargo, la producción de Barragán no es muy prolífica, debido principalmente a que durante una buena etapa de su vida el maestro fue muy selectivo en aceptar sus encargos. Sin embargo en 1953, aceptó con gusto el proyecto de ampliación del claustro y la capilla de las madres Capuchinas.
“Queríamos que el proyecto lo haga Barragán, pero no teníamos dinero, así que fuimos a su oficina a hablar con él.” nos relata la religiosa que nos hace de guía. “Él accedió gustosamente no solamente a hacer el proyecto, sino a financiar parte de su construcción”.
Planta del conjunto, cortesía de Pete Lackey

Para la ejecución de la obra, que se extendió por 7 años, el arquitecto se dedicó con mucho entusiasmo y pasión para definir los muchos detalles que la componen.
“Nosotras no sabíamos qué estaba haciendo, confiamos completamente en él. Hasta que una mañana de primavera, el 24 de abril de 1960 se inauguró la capilla. Fue para nosotras sorprendente, bellísima, muy austera, casi sin imágenes, adelantándose al Concilio Vaticano II” recuerda la religiosa.


Planta y 3D de la capilla, cortesía de Pete Lackey

Al ingresar, nos recibe un pequeño patio semi hundido, de paredes blancas, en una de las cuales está empotrada una cruz monumental.


Como contraparte, una serenísima pileta en cuyas aguas nadan flores blancas, da escala humana al espacio. A mano derecha una celosía en trama amarilla acompaña una escalinata que conduce a una capilla secundaria que mencionaremos más adelante. La simpleza pero contundencia del detalle y el color de la grilla amarilla reflejándose sobre el agua que lame la piedra negra es simplemente sobrecogedor.


Al otro extremo de la pileta se encuentra el ingreso a la capilla, al que accedemos tras ascender por unas breves escalinatas de piedra. En este pequeño espacio de madera, una larga y sencilla banca de este material, pareciera flotar perpendicular a la pared, pero es en realidad sostenida por unos soportes de metal invisibles.

Detalle del banco "flotando" adyacente a la pared de madera. Nótese el carácter austero de los pisos.

Ya en el recinto, la religiosa cierra las puertas (una de las cuales, curiosamente, pivota a unos 30 cm de su extremo) para hacernos notar un detalle: el uso de un vidrio de color rosado, poco común en la época, y que ilumina el ambiente y le da una tonalidad de luz especial. Hacia un lado, se encuentran las áreas privadas de convento, dispuesto sobre un terreno alargado. Hacia el otro ingresamos lateralmente a la capilla.

Representación en 3D de la iluminación interior de la capilla, que ilustra el juego de luz y sombra pero no reproduce el colorido de los vidrios, las paredes y la madera. Imagen cortesía de Pete Lackey

La luz, que atraviesa unos vidrios amarillos ubicados en una trama en el coro, inunda al espacio de un color acaramelado, y presenta una capilla austera, con paredes de texturas toscas y de colores ocres intensos, con pisos de madera y en cuyo altar se encuentra un trabajo escultórico, los rectángulos dorados de Mathías Goeritz.


Me invade la sensación de profunda espiritualidad que transmite este sobrio pero cálido espacio. Precisamente el color de la pared hace que la luz adquiera matices que produzcan sensaciones de placidez y serenidad.


Al costado izquierdo, recibiendo una luz lateral se ubica una cruz de madera, que es iluminada indirectamente desde un ventanal alargado. El efecto es dramático, acentuado por una cuña triangular que se incrusta en el espacio (ver planta).

Efecto de iluminación lateral de la cruz. De color rosado, cambia de tonalidad de acuerdo a la hora del día. Fotos cortesía de la Fundación Barragán

“Hasta aquí llegó Tadao Ando” nos comenta la religiosa “y quedó maravillado por el efecto de la luz”. Ando, como Gehry y Koolhaas, han reconocido la fascinación y la influencia de esta obra y el trabajo de Barragán en sus propias obras.

Al costado derecho, separado por una celosía de madera en forma de grilla de color blanco, se encuentra una capilla lateral que suele ser utilizada por las familias de las monjas.

Vista de la capilla lateral. Foto cortesía de la Fundación Barragán

Desde una rendija superior la luz baña generosa el ambiente, a la vez que descubre la enorme altura de los muros, una triple altura que le da monumentalidad a la capilla.

Croquis rápido mostrando el detalle de la toma de luz en la capilla lateral.

Exquisitos detalles ubicados en el pequeño corredor contiguo a esta capillita como una ventana cuya luz amarilla se dibuja sobre la pared de madera (muestro una foto exterior de la ventana), el confesionario, el mobiliario y las puertas, demuestran la prolijidad con la que el maestro mexicano concibió esta obra.

Detalle de una de las paredes, cuya trama se ha deformado intencionalmente. La luz producida interiormente adquiere un carácter dramático.

La visita culmina nuevamente en el patiecito, en el pasillo contiguo a la pileta, separado por la celosía amarilla y por un banco empotrado que pareciera levitar, como los que hemos visto varias veces al interior de la capilla.


Religión y Mito
¿Cómo comprender el arte y la gloria de su historia sin la espiritualidad religiosa y sin el trasfondo mítico que nos lleva hasta las raíces mismas del fenómeno artístico? Sin lo uno y lo otro no habría pirámides de Egipto y las nuestras mexicanas; no habría templos griegos ni catedrales góticas ni los asombros que nos dejó el renacimiento y la edad barroca; no las danzas rituales de los mal llamados pueblos primitivos ni el inagotable tesoro artístico de la sensibilidad popular de todas las naciones de la Tierra.
Luis Barragán


Quisiera agradecer la gentilísima atención del Arq. Francisco Pérez V., su esposa Carla y sus hijos Érika, Diego y Ximenita, sin cuyo generoso concurso mi visita a través de obras arquitectónicas en México y a este edificio en particular probablemente no hubiera pasado de un anhelado sueño.

VER TAMBIEN/SEE ALSO:

- CAPILLAS, CONVENTOS, MONASTERIOS CRISTIANOS.