30 diciembre, 2014

ARQUITECTURA TRASCENDENTE: TRES EXPERIENCIAS (I)

Vivimos entre objetos, nos movemos por espacios construidos, el mundo se manifiesta a través de ellos y erigimos nuestra realidad por una suerte de recomposición de fragmentos de la información percibida e interpretada. La arquitectura no es pues solo cobijo para nuestro cuerpo, es muchas veces tamiz a través del cual el orden que rige el universo se hace presente. Orden que es percibido, luego relacionado y finalmente transformado en significados individuales y colectivos. Siempre fue así y así estuvo bien.

Habituados hoy en día a  permanecer cada vez más en espacios virtuales, satisfechos con imágenes fáciles, presurosos en distinguir nuestras preferencias con un “like it”, reconocemos cada vez menos la función reveladora de la arquitectura, o en todo caso seleccionamos la información más superficial y útil en la medida que nos permita permanecer en espacios supuestamente confortables, haciendo todo ello caldo de cultivo para que germine una arquitectura mediática que esconde tras epidérmicos alardes formales la monotonía de la producción estandarizada y la falta de atención a lo que el contexto le demanda. 

Tres arquitectos que comparten estas preocupaciones se reúnen en un café arequipeño y acuerdan hacer un post a seis manos (utilizando el teclado del ordenador, claro está) Cada uno con blog propio se reconocen también  habitués de espacios virtuales, sin embargo se animan a echar un cable a tierra y anclar en experiencias vividas en que la arquitectura trascendió lo cotidiano y que de alguna u otra manera influyó en su manera de percibir el mundo o tal vez de reconocerse a sí mismos. Saben del peligro de su empresa, pues es probable que en el intento de descodificación parte de la magia que habita en su memoria sea alterada al reconocer la lógica del mecanismo, pero asumen el riesgo. Tienen la esperanza que a través de estas experiencias animen a más gente a contar las suyas y así colaborar, aunque sea en algo a poner la arquitectura en el lugar que le corresponde.

 Cristina Dreifuss                                                        Gonzalo Ríos                          Carlos Zeballos

Experiencia 1.0
La casa Hundertwasser
Cristina Dreifuss  

Lo huachafo en la arquitectura limeña 
Divagaciones y Arquitectura


Los arquitectos, con mucha frecuencia, dividimos nuestra vida en antes y después de nuestro paso por la facultad. Imagino que lo mismo debe pasar con otras profesiones; la formación profesional no sólo nos da habilidades y conocimientos, sino que nos enseña a ver con otros ojos. Es por eso que hablar de una experiencia trascendente de la arquitectura en términos pre-arquitectónicos se vuelve un reto.

Conocí la “Casa Hundertwasser” un año antes de entrar a la facultad, en ese período en el que uno anda madurando y preguntándose una serie de cosas, trascendentales en sí mismas. En medio de un recorrido turístico lleno de dorados y barroco vienés, terminamos en esa  esquina de Kegelgasse donde parecería que alguien dejó libre acción a un lunático.



El edificio, un multifamiliar, es un manifiesto. No hay una sola línea recta (“la línea recta conduce a la perdición”, diría su autor, el pintor F. Hundertwasser). Cada unidad de habitación es de un color distinto, con lo que la imagen final es la de una especie de colcha de parches, salpicada de ventanas desordenadas. El primer piso se apoya en columnas distintas, algunas chuecas, forradas con materiales de reciclaje, cuyo brillo contrastaba con el cielo.
La rápida visita exterior – porque nunca llegué a entrar a una de estas viviendas – me enseñó sobre la libertad de expresión, sobre la economía de recursos, sobre la creatividad y el uso libre de colores y formas, sobre el cuestionamiento de estereotipos establecidos, y sobre todo, que la arquitectura es una profesión al servicio de las personas y que su objetivo es la felicidad. Fue ahí que decidí que eso es lo que quería hacer.


Años después, luego de sustentar mi tesis de grado, volví al sitio. En el fondo, quería comprobar si efectivamente la magia seguía ahí. El edificio fue tan impresionante como la primera vez y, de algún modo, era como si algún tío mayor y buena gente me guiñara el ojo y me asegurara que no me estaba equivocando. 





Experiencia 2.0
Habitando un relicario:
La Sainte Chapelle de Paris,  Febrero de 2014, 
Gonzalo Ríos, Trampantojo

Resultaba poco menos que iluso aspirar a tener una experiencia de mediana trascendencia en un ambiente en donde todo confluía para no conseguirla.  La preciosa capilla gótica en donde Luis IX de Francia, el santo,  pasó gran parte de su vida contemplando las reliquias que adquirió de la pasión de Cristo, era poco menos que profanada por una horda de turistas en busca del espectáculo banal que probablemente el día anterior lo vivieron  en Euro Disney y estaban ansiosos de replicarlo. Los guías atentos y acomedidos con su público se transformaban en bufones solazándose  en la anécdota histriónica para conseguir la risa fácil que seguramente se vería recompensada con un reconocimiento monetario final.

Vistas exteriores de la Sainte Chapelle. La masividad del nivel de acceso contrasta la ligereza del nivel superior en donde prima la transparencia de los vitrales 
Fotos: Eric Rougier

Nada de góticos radiantes, nada de explicar cómo es que se logró desmaterializar los muros opacos casi en su totalidad, reduciéndolos a estilizados haces de baquetones que se separaban hasta convertirse en la frágil estructura de una bóveda azul que parece levitar sobre vitrales pareados. No eso no era importante. Tampoco lo era la historia del pobre Luis IX, tan criticado por gastarse media fortuna en comprar a Bolduino II de Constantinopla  la corona de espinas, un pedazo de la cruz, el hierro de la lanza y la esponja del martirio de Cristo y la otra media en la construcción de esa capilla cuyo destino era convertirse en un enorme relicario en donde el monarca pasaría en estado de contemplación días enteros descuidando seguramente las funciones propias de su cargo. No, de eso nada. El espacio era de una belleza suprema y estaba agradecido, sin embargo el entorno hostil era superior a mis ganas de intentar una reflexión más profunda sobre la estética o la historia.

Vistas Interiores del actual nivel de acceso, en donde se anclan las estructuras que hacen posible la levedad del nivel superior.

Fotos: Eric Rougier


Dispuesto ya a abandonar la capilla el nublado clima invernal parisino disipó por unos instantes sus nubes y dio paso a un rayo de luz que penetro al ambiente atravesando los coloridos vitrales, convirtiendo esta inicial luz blanca en una emulsión de rojos y azules que inundándolo todo propiciaron una atmósfera en donde cualquier hecho físico, inanimado o vivo, pareció inmaterial y perteneciente a una misma substancia. Por unos breves segundos todo pareció detenerse, paralizarse; el silencio del entorno hostil superficialmente conmovido, al menos por el breve instante que duró el fenómeno, intensificó la impresión de cohesión.

Vistas Interiores del nivel superior, máximo exponente del gótico radiante francés con la desmaterialización casi total de los muros en favor de los vitrales.
Fotos: Eric Rougier


Este espacio místico, banalizado por el uso,  lo había vuelto a lograr. Pese a lo efímero del fenómeno, o tal vez por ello, se me revelaron estructuras normalmente no visibles del mundo, poniéndome en sintonía con el orden profundo de las cosas a la que todos estamos sujetos, y también en sincronía con mis eventuales acompañantes y hasta con el mismo Luis IX, él desde el siglo XIII y yo desde el XXI  entendiendo y dando significado a un fenómeno revelador propiciado por la arquitectura.






Experiencia 3.0
Hipérbole simbólica:
Asamblea legislativa de Chandigarh, India,  Mayo de 2007, 
Carlos Zeballos, Mi Moleskine Arquitectónico


Monumental. Así me pareció la escala del Capitolio de Chandigarh. Aquel lugar transmitía una sensación de poder magno, casi megalómano. Estaba hecho para impresionar, aunque parecía no haberse preocupado en dar cabida al ser humano. En aquella calurosa mañana de primavera india, hubiera sido muy acogedor sentarse bajo un árbol pero aquella banalidad hubiera interferido con la colosal perspectiva del espacio, algo con lo que el arquitecto suizo no estaba dispuesto a transigir.


Salvo indicación, todas las fotografías pertenecen a Carlos Zeballos Velarde


Aún así, me sentía agradecido por estar parado por primera vez frente a una obra del gran maestro Le Corbusier y de poder disfrutarla enmarcada por los Himalayas que se perfilan como telón de fondo hacia el este. Antes sólo había visto reproducciones en blanco y negro así que era una experiencia estar parado ahí apreciando la monumentalidad del Capitolio, la solidez de sus volúmenes, la aspereza y plasticidad del concreto armado y respirar la pasión por el diseño que el maestro suizo supo traducir en esta obra, desde su trazo urbano hasta la concepción de sus murales y alfombras.

Había llegado allí con un pariente de un amigo al que conocí por internet , y que luego de mostrarme de lejos el complejo, se dispuso a regresar al centro de la ciudad. Cuando le insistí en aproximarnos, me dijo nerviosamente que era complicado, y que había que pedir un permiso especial que duraba un día conseguirlo. Pude entender su turbación, ya que Chandigarh se encuentra cerca de la frontera con Pakistán, en una zona muy tensa y donde no se escatiman las medidas de seguridad.




Pero no iba a rendirme así no más. Fui a obtener el permiso a un par de oficinas y la reticencia inicial de los oficiales se convirtió poco a poco en eficaz colaboración. “Soy un arquitecto, vengo de Perú, un país pacífico” le dije, convincente (aunque hubiera sido más exacto decir “un país en el Pacífico”). “Sí, lo sabemos”, replicaron con severidad, y en ese momento comprendí que ellos no tenían la más mínima idea de dónde quedaba Perú. Sin embargo, halagados ante la presencia de un visitante tan exótico, no dudaron en otorgarme el permiso además de muchos souvenirs e información sobre la ciudad.

Al día siguiente me encontraba de nuevo en el Capitolio, con sus tres simbólicas construcciones: la secretaría, el Palacio de la Asamblea Legislativa y la Corte Superior de Justicia. De todos los elementos del conjunto, fue el Palais de l’Asambleé el edificio que más llamó mi atención, por su matemática grilla de brise-soleil, imprescindible en aquel tórrido clima y su fotogénica fachada sur reflejándose en un espejo de agua.




La grilla aligeraba la fachada de esa caja rectangular, sobre el cual asomaba principalmente el gran volumen de una cáscara hiperbólica truncada, una figura escultórica cuya inspiración proviene de chimeneas industriales.
Habría de recorrerlo custodiado por un soldado armado con un fusil automático y la seguridad era particularmente estricta.
Ingresamos al edificio, adornado con murales diseñados por el propio Le Corbusier, que no había descuidado detalles en el momento de su gran obra.


Al interior, la luz se filtraba indirectamente por los brise-soleil y daba un efecto de profundidad a aquella sala hipóstila, reminiscente de los templos clásicos que el maestro había admirado en su viaje de descubrimiento por Grecia.

En medio de aquella trama de columnas emergía, como un volcán impetuoso, el volumen de la asamblea.

Izquierda y centro, Fotos cortesía de Fondation Le Corbusier. Derecha, foto Carlos Zeballos

Entonces, nos acercamos a la cámara legislativa, que por suerte se hallaba en receso y podía ser visitada. Ni los libros sobre el maestro suizo ni los tratados sobre arquitectura moderna, nada podría haberme preparado para aquella impresión. El espacio, moldeado en aquella cáscara de apenas 15 cm de espesor, se alzaba monumental sobre los asientos tapizados de los legisladores. La sección truncada con la que culminaba la hipérbole acentuaba su direccionalidad y su geometría favorecía la acústica. La estatura del espacio obedecía también a fines climáticos, ya que permite la circulación de aire por conducción.

Pero aquél no parecía un espacio cívico, sino uno sacro. La luz filtrándose indirectamente producía un efecto espiritual que volvería a encontrar algunos años después en la capilla hecha por Le Corbusier en Ronchamp. Sin embargo, a diferencia de las paredes blancas de aquella, la epidermis de concreto de la sala se hallaba cubierta por coloridas láminas de aluminio, que como una infección reptaban produciendo manchas de color.

Fotos cortesía de The Tribune

Era un momento sublime, que no parecía ser compartido por el cancerbero que me acompañaba, quien insistía en que las fotografías estaban estrictamente prohibidas. Traté de impregnar en mi memoria cada detalle de aquel momento sabiendo que probablemente esta experiencia no se repetiría. Traté de respirar al máximo ese espacio bello, magno, dramático. Pero en aquel momento, un gesto poco amigable del soldado me indicó que la visita había acabado.



09 diciembre, 2014

DIÁLOGOS: PAISAJES DEL MUNDO (II)


A partir de este 11 de diciembre en la sede del Colegio de Arquitectos del Perú, situada en la Av. San Felipe 999, Jesús María, Lima, se presentará la exhibición fotográfica personal "DIÁLOGOS / DIALOGUES / ДИАЛОГИ: PAISAJES DEL MUNDO".

MÁS ALLÁ DE LA FRACTURA
1. Templo de Angkor Wat, Camboya
2. La monumental Tesorería en Petra, Jordania, vista desde el ondulante pasaje llamado Siq.


La muestra se compone de una serie de pares fotográficos, representando diversos paisajes, separados en tiempo  y espacio pero unidos por una idea común, ya sea formal o simbólica, sugerida sutilmente por un título.

Por tanto, el espectador es invitado a establecer esta conexión, y de esta manera se convierte en agente del diálogo entre ambos lugares.

ENREDADOS
1) Ruinas del templo de Ta Prohm, Camboya, invadido por la jungla. 2) Detalle del moderno Estadio Olímpico de Pekín, China, que evoca un "Nido de Pájaro"

Esta muestra es una selección de lugares presentados en este blog y fue exhibida anteriormente en el Museo de Arte Contemporáneo de Vladivostok, Rusia, ARTETAGE.



CONFERENCIA “POTENCIANDO LA RESILIENCIA URBANA A TRAVÉS DE INTERFACES. EL CASO DE LA REGENERACIÓN DEL FRENTE MARÍTIMO DE VLADIVOSTOK”

También el día 11 de diciembre en la misma sede estaré presentado la conferencia “Potenciando la resiliencia urbana a través de interfaces. El caso de la regeneración del frente marítimo de Vladivostok”
A fin de fortalecer tanto la resiliencia a potenciales peligros como al desarrollo del espacio público para mejorar social y ambientalmente las condiciones de la ciudad, se propuso una metodología que se enfoca en identificar las interfases urbanas, que son las áreas de mayor intercambio entre los diferentes sistemas y que pueden ser usados como catalizadores para mejorar las áreas circundantes. La exposición mostrará ejemplos de recuperación de frentes ribereños en ciudades rusas, en particular el estudio en la ciudad de Vladivostok.


Agradezco enormemente la gentileza de la  Comisión Nacional de Congresos y Eventos Institucionales del  Colegio de Arquitectos del Perú, tanto en su Sede Nacional como en la Junta Regional Arequipa por la invitación y el apoyo en la realización de estos eventos. Asimismo a la Unión Internacional de Arquitectos UIA, la Federación Panamericana de Asociaciones de Arquitectos FPAA y a la Regional de Arquitectos del Grupo Andino RAGA por su amable auspicio.

VER TAMBIÉN:

MUESTRAS FOTOGRÁFICAS PERSONALES

04 diciembre, 2014

HAGIA SOFÍA, ARQUITECTURA Y ARTE



En la anterior entrega me referí algunos aspectos relacionados con la historia y la construcción de Hagia Sofía, el soberbio monumento edificado por el emperador Justiniano. En esta ocasión, me gustaría comentar algunas de sus características formales y espaciales que más me impactaron durante la visita, así como sus principales elementos artísticos.



Es importante remarcar que la estructura que vemos hoy difiere de aquella original construida en tiempos del imperio bizantino, tanto en su forma como en su uso. El cambio más evidente se da en las adiciones y reforzamientos estructurales añadidos y en los cuatro  minaretes que flanquean la antigua basílica, los cuales establecen un campo virtual y un mensaje sutil pero evidente de dominación.

Reconstrucción de la basílica en tiempos del imperio bizantino
 


Los otomanos, tras conquistar Constantinopla, en lugar de destruir Santa Sofía por ser un templo perteneciente a otra religión,  quedaron impresionados por su magneficencia y decidieron preservarla, pero con la adición de los minaretes dejaban en claro su dominio como nuevo poder en la zona.

 “¡Qué tal cúpula, que compite en rango con las nueve esferas del Cielo! En este traba un maestro perfecto ha mostrado la ciencia arquitectónica completa” 
Historiador otomano Tursun Beg, siglo XV.



El espacio interior es en extremo complejo si se lo compara con otras edificaciones de la época: la monumentalidad de su espacio central que se diluye en una la concatenación de  semicúpulas conexas, la diversidad de escalas y grados transparencia y permeabilidad que se generan en las galerías, la dramática secuencia de luz, que va desde el casi celestial anillo de ventanas en torno a la cúpula hasta la semipenumbra de los ambientes y galerías laterales, propicia para la reflexión y el recogimiento.


Si bien en términos generales, es posible percibir hoy la misma estructura que hace 15 siglos atrás, sin embargo, el uso del espacio en la basílica en épocas bizantinas ha sido diferente al de su etapa de mezquita musulmana y a la libertad de tránsito que se vive hoy, en su etapa de museo.

Tal como las iglesias ortodoxas, Santa Sofía tenía un iconostasis, un espacio sacro al que sólo accedían el emperador y la más alta jerarquía eclesial. Las galerías laterales habrían supuesto algún tipo de segregación social en el uso del espacio.



Luego de la conquista otomana, el iconostasis desapareció, por lo que el espacio se centralizó, pero se añadió un nuevo punto focal ubicado hacia la Meca: el mihrab. Además, imagino que el uso del espacio habría sido similar al de la actual Mezquita Azul: segregado, diferenciado por sexos, abierto tanto a la oración como al descanso.



Además de la imponencia de la estructura, sobrecoge la calidad y riqueza de sus acabados. Los capiteles de las columnas, tanto simples como dobles, eran tallados finamente, incluyendo símbolos del emperador.






Los mejores mármoles, traídos de varios rincones de Bizancio, revestían las paredes y sus colores variados constituyen una representación geográfica del vasto imperio.



Los mármoles se alternaban con dorados mosaicos que adornaban las coberturas y algunos muros. Si bien los romanos ya habían usado mosaicos para la decoración (particularmente de pisos), como hemos visto en las termas de Caraccalla, en Roma, es en el imperio bizantino donde el mosaico adquiere mayor esplendor, incluyendo láminas de oro para resaltar el carácter divino de los motivos que representaba.

 Las decoraciones al momento de la construcción debieron haber sido muy simples, básicamente algunos símbolos o cruces, dado que la tendencia iconoclasta de la época buscaba prescindir de representaciones figurativistas.



Con el tiempo empezaron a aparecer mosaicos con representaciones bíblicas, acompañadas de figuras políticas. En realidad, los mosaicos son el primer esfuerzo artistico a gran escala de propaganda para la evangelización cristiana y para la remarcar la consolidación del poder imperial como nexo entre lo religioso y lo mundano.

Uno de los mosaicos muestra la figura de la Virgen flanqueada por los emperadores Constantino y Justiniano, estableciendo un claro mensaje del vínculo entre el poder imperial y el religioso. Constantino presenta un modelo de la ciudad mientras que Justiniano ofrece a la virgen la basílica de Santa Sofía.


El mosaico del Juicio Final muestra a Cristo como figura central y a sus costados se ubican la virgen y Juan el Bautista.


Tras la conquista otomana y dada la prohibición islámica de incluir representaciones figurativas, muchos de los iconos fueron recubiertos con yeso y se les añadió una nueva capa de decoraciones con motivos geométricos y textos del Corán. Por ejemplo, en el centro de la cúpula debió haber una imagen de Cristo Pantocrator, la cual parece mirar a los fieles desde cualquier posición. Hoy, en su lugar aparece una inscripción en árabe que circunda un motivo radial.



La mayoría de las decoraciones en el nivel inferior son islámicas, con figuras geométricas y sin representaciones de animales o humanas. En las galerías circundantes del segundo nivel se han descubierto antiguos mosaicos, que se hicieron evidentes tras una restauración en el siglo XIX.





Los medallones con inscripciones islámicas fueron adiciones añadidas por los hermanos Fossatti, arquitectos italianos que en a mediados del siglo XIX recibieron el encargo de la remodelación del interior de la mezquita. En mi opinión la geometría y material de estos elementos contrasta con la riqueza y severidad de la arquitectura de la iglesia y le dan cierto carácter de improvisación y efimeridad.


Pero no sólo riqueza material era acumulada en esta gran iglesia, sino también sacralidad y simbolismo. Reliquias de dos santos, la cruz, el martillo y los clavos de la crucifixión de Cristo, la mesa de la Última Cena entre otras reliquias poblaban este sacro recinto, pero que lamentablemente  fueron saqueadas principalmente por los cruzados que conquistaron la ciudad y que se llevaron muchas riquezas para pagar sus campañas.

Si bien el recorrido por el monumento impresiona por la calidad y riqueza de su ornato, es difícil imaginar la riqueza de éste en su época de esplendor, cargado de riquezas y de las mejores obras de arte del imperio bizantino.

No obstante, creo que es un privilegio poder ser testigos de un monumento arqutectónico tan magnífico como trascendental, cuya influencia ha sido gravitante en el desarrollo de la arquitectura tanto musumana como cristiana (la Mezquita Azul en Estambul y la Catedral de San Marcos den Venecia son dos ejemplos notables de ésta) y que por muchos siglos ha sobrevivido altiva los terribles embates de la naturaleza y la belicidad humana.

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- ARQUITECTURA BIZANTINA

05 noviembre, 2014

HAGIA SOFÍA, ESTAMBUL. CONSTRUCCIÓN


Hagia Sofía o Santa Sofía, la soberbia basílica que se yergue por más de 1500 años en el centro de Estambul, Turquía, es el mayor ejemplo de arquitectura bizantina y la joya indiscutible de la ciudad. Esta magnífica obra de Justiniano ha sido discutida ampliamente en libros de historia de la arquitectura por sus innegables innovaciones constructivas. Sin embargo, poco se menciona sobre su calidad estilística formal y espacial así como por la riqueza de su ornamentación, aspectos que tuvieron notable influencia en otras obras tanto cristianas como islámicas. A fin de hacer justicia a ambos aspectos, dividiré el presente post en dos partes, la primera dedicada a su historia y proceso constructivo y la segunda a sus características arquitectónicas y artísticas.

EMPLAZAMIENTO

Estambul, la única ciudad que se extiende por dos continentes. Debido a su ubicación estratégica la antigua villa de Bizancio fue elegida por Constantino como la capital de su imperio y la renombró como Constantinopla. Desde aquí floreció el Imperio Romano de Oriente y sobrevivió por más de mil años más que su hermano de occidente, al amparo de la Iglesia Ortodoxa y hablando griego en vez de latín. Sólo en 1453 luego de su caída los otomanos la rebautizaron Estambul, y desde aquí controlaron el vasto imperio que se extendió hasta el África y Medio Oriente.



Hagia Sofía se ubica en el extremo de la península de Estambul donde el Bósforo se encuentra con el Cuerno Dorado, flanqueada por el noreste por el antiguo palacio del Sultán y por el suroeste con la Mezquita Azul.
 
 Emplazamiento del conjunto monumental en la península de Estambul
 Detalle del conjunto de Santa Sofía (izquierda) y la Mezquita Azul (derecha). (La imagen ha sido rotada unos 60° en dirección de las agujas del reloj en relación a la vista precedente)

Su volumen masivo contrasta con la esbeltez de los minaretes que la anuncian como un edificio musulmán, y el espacio público adyacente permite establecer un diálogo visual con la mezquita que se halla al otro extremo del parque.


Si bien esta zona goza de una ubicación estratégica, también se encuentra muy cerca de una de las fallas tectónicas más activas del planeta, por lo que ha sufrido frecuentes terremotos a lo largo de toda su historia.

ANTECEDENTES

La primera iglesia, conocida como Iglesia Magna fue concluida en 360 d.C bajo órdenes de Costancio II, hijo de Constantino, muy cerca a su palacio. Tenía las características de una basílica paleocristiana, un edificio alargado y techo de madera. Fue destruida por el fuego durante las revueltas del año 404.

 
Reconstrucción hipotética de la primera iglesia

Planta hipotética de la primera iglesia

Una segunda iglesia, también de planta basilical, fue culminada en el 415, consagrada por Teodosio II. Construida también con un techo de madera, colapsó durante un incendio en 532, en la llamada revuelta de Nika contra Justiniano. Sólo ha sobrevivido un volumen cilíndrico dedicado al tesoro.

Reconstrucción del propileo de la segunda iglesia
Planta hipotética de la segunda iglesia

CONCEPCIÓN

Tras el incendio el emperador Justiniano quiso construir una nueva basílica de forma única y de proporciones más grandes que cualquier otra iglesia, como símbolo de su poder y para mejorar su prestigio ante la población. Justiniano quiso unir la forma rectangular, típica de las basílicas paleocristianas, con el círculo, arquetipo tipológico del estado y representado por el Panteón en Roma, (cuya cúpula descansa sobre una base cilíndrica). ¿Cómo construir un domo semiesférico sobre una base cuadrada?

Para resolver este problema tan original, Justiniano requirió el concurso de dos académicos: el matemático Artemio de Tralles y el físico Isidoro de Mileto. Ellos no eran arquitectos, sino especialistas en la llamada “ciencia de la mecánica”, pero llevaron a cabo la tarea de calcular y edificar el edificio.

Planearon colocar la cúpula sobre cuatro arcos, cada uno de 31 m de ancho, generando un espacio cuadrado central. En sus esquinas cuatro grandes columnas sustentan la estructura, circundado por pasillos laterales a distintos niveles. El espacio es coronado por una enorme cúpula de medio punto de 31 m de diámetro que se eleva a 56 m de altura.

Vista de la nave desde el suelo, usando una lente "ojo de pez"

Para combinar ambas geometrías, el círculo y el cuadrado, se crearon pechinas, que son unas formas triangulares de superficie curva que unían el cuadrante de la cúpula con la mitad de dos arcos perpendiculares. Además de cubrir el espacio, las pechinas contribuyen a una mejor distribución de las cargas de la cúpula, ya que de otro modo descansarían únicamente en la parte superior de los arcos, y las distribuyen uniformemente hacia las columnas.





Sin embargo, la cúpula original, que era más chata que la actual, no descansaba directamente sobre las pechinas, sino sobre una estructura cilíndrica, un tambor al que se le colocaron 40 ventanas alrededor.
A fin de ampliar el espacio de la nave, dos semicúpulas descienden desde los arcos a ambos lados de la cúpula central y que a su vez contienen tres pequeñas semicúpulas.





Sin embargo, el problema con los arcos es el empuje lateral que reciben, por lo que tienden a abrirse hacia los costados. Por tanto se construyeron grandes contrafuertes a cada lado de los arcos, a fin de contrarrestar la deformación por el peso de la cúpula.



Estos elementos prominentes son visibles en la fachada, y en su interior han sido perforados para albergar unos pasillos que circundan la nave principal. Éste fue, sin embargo, un error, ya que al introducir estas perforaciones los contrafuertes se debilitaron y empezaron a rajarse. Por tanto, los diseñadores tuvieron que crear arcos de refuerzo en los contrafuertes existentes y aumentar su altura. La deformación es evidente en algunas partes de los arcos.


 
Reforzamiento de los arcos y su deformación por las cargas


Otro aspecto crítico e innovador en la construcción del edificio fueron sus materiales. Contrario a la costumbre de la época, que era construir edificios masivos y pesados para resistir los terremotos, Isidoro y Artemio trataron de hacer el suyo lo más ligero posible (un criterio utilizado en la ingeniería civil moderna). Los ladrillos fueron importados de Rodas y fueron cocinados a bajas temperaturas (800°C), haciéndolos más porosos, menos densos y más resistentes y ligeros que los ladrillos comunes (cocidos a 1200°C). En el mortero también se utilizó ladrillo molido, mezclado con cal, arena de río y agua para crear un mortero especial, fuerte , ligero y flexible.


El edificio se completó en menos de 6 años, entre 532 y 537, gracias al concurso de dos cuadrillas de 5000 trabajadores cada uno. Este tiempo récord implicó que se reutilizaran elementos de otras estructuras, traídos de diversas partes del imperio, y acomodados a las dimensiones de Santa Sofía. Por ejemplo, algunas columnas son más cortas y la diferencia fue resuelta in situ. Otro ejemplo es la diferencia de alturas entre las columnatas de las dos galerías laterales, probablemente debida a que no se encontraron columnas del tamaño de las de la galería inferior.


LA SEGUNDA CÚPULA

20 años después de su culminación, en 557 un terremoto provocó grietas en la cúpula, la cual se vino abajo debido a la poca resistencia que ofrecía el tambor que la sostenía. Debido a que Isidoro falleció durante la construcción de la iglesia original, la tarea de reconstrucción de la nueva cúpula (que es la que vemos hoy) recayó sobre su sobrino Isidoro el joven. Para ello, prescindió del cilindro y la diseñó más alta, descansando directamente sobre las pechinas, distribuyendo mejor las cargas.

 

 Además, estudiando el Panteón de Roma descubrió unas grietas en la base de la cúpula y decidió aligerarla construyendo una serie de 40 ventanas a su alrededor. Además de aliviar las cargas, estas ventanas ofrecen un efecto lumínico que sugiere la impresión de que la cúpula está flotando en una base de luz. La reconstrucción de la cúpula tomó 4 años.


La cúpula fue la más grande el mundo hasta ser sobrepasada por la de la basílica de San Pedro en Roma en 1590, así como la superficie de Hagia Sofía fue la mayor de un edificio religioso hasta la construcción de la la catedral de Sevilla en 1520.


Reconstrucción de Santa Sofía como basílica cristiana, antes de su conversión a mezquita por los otomanos


PERFORMANCE

Luego de su culminación, y dado el enorme peso de la cúpula, fue necesario incluir contrafuertes adicionales, añadidos algunos en época bizantina y otros ya bajo el dominio otomano.



Pese a ello y no obstante encontrarse en una de las zonas sísmicas más activas del mundo, Hagia Sofía ha resistido terremotos devastadores y ha sobrevivido incluso a edificios modernos de concreto armado. La revolucionaria concepción estructural y el uso de material ligero han facilitado su supervivencia por más de 1500 años. Diversos estudios y simulaciones han predicho que la iglesia podrá resitir el embate de sismos mayores a 7.2, pero a pesar de ello la estructura se encuentra siempre en mantenimiento y continuamente monitoreada.

En la siguiente entrega dicutiremos algunos aspectos de su calidad espacial arquitectónica así como la contribución musulmana a esta obra que ha devenido en símbolo de ambas religiones. Hatsa entonces

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