14 diciembre, 2008

SOMEWHERE OVER THE RAINBOW

Algún lugar en el Pacífico

Como en ocasiones anteriores (1 y 2) en este 150° post hacemos un alto para mostrar algunos temas no arquitectónicos en estas notas de arquitectura y algo más. En esta oportunidad, se trata de una recolección de lo fortuito, vistas tomadas al azar desde la ventana de un avión. Y es algo fortuito pues es algo meramente casual que en un viaje aéreo uno tenga la fortuna de sentarse al lado de una ventana, que no sea de noche, que no esté nublado, que no estemos mirando al mar, que uno tenga cámara a la mano... y es casi seguro que cuando estos factores confluyan, cuando consigas un asiento en la ventana, en un día soleado sobre una ruta interesante, entonces te tocará viajar al lado de un ala...

Esta es, entonces una pequeña colección de fortuitas imágenes en algún lugar más allá del arcoiris.

Papua Nueva Guinea
Alpes italianos, cerca de Pisa
Algún lugar en el Atlántico
Sydney, Australia

Somewhere over the rainbow
Way up high,
There's a land that I heard of
Once in a lullaby.

Somewhere over the rainbow
Skies are blue,
And the dreams that you dare to dream
Really do come true.


Cerca a Guam
Narita, Japón
Campos de arroz cerca de Tokio, Japón

Someday I'll wish upon a star
And wake up where the clouds are far
Behind me.
Where troubles melt like lemon drops
Away above the chimney tops
That's where you'll find me.

Sobre el cielo filipino
Reflejos al atardecer
Australia
Isla mariposa (Butterfly Island), Papua Nueva Guinea
Centro de Chicago, EEUU
Chicago y el lago Michigan, EEUU
Chicago y el lago Michigan de noche
Incendio forestal en California, EEUU
Katmandú, Nepal
Manila, Filipinas
Miami, EEUU
Montaña en California, cerca a San Francisco

Somewhere over the rainbow
Bluebirds fly.
Birds fly over the rainbow.
Why then, oh why can't I?

If happy little bluebirds fly
Beyond the rainbow
Why, oh why can't I?



Montañas de California, EEUU.
Monte Fuji, Japón
Campos de Nepal

Entre Río Gallegos y Comodoro Rivadavia, Argentina. Foto cortesía de Andrés Sandoval

Y sobre la famosa canción Over the Rainbow, compuesta por Harold Arlen con letra de Edgar Y. Harburg, los dejo con 4 versiones de la misma: la original, cantada por Judy Garland en el Mago de Oz (1939), la exótica versión del voluminoso Israel Kamakawiwo, la dulce voz de la niña Connie Calbot, de 6 años y la versión de Norah Jones Aselin Debison (gracias Arquitequita por la sugerencia y Deschamps por la corrección).


JUDY GARLAND-OVER THE RAINBOW
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VER TAMBIÉN:
- OTRAS ENTRADAS ESPECIALES.

12 diciembre, 2008

LA CASA ESTUDIO DE LUIS BARRAGÁN

EnlaceENGLISH

La casa – estudio de Luis Barragán en México, es una obra maestra de la arquitectura moderna en Latinoamérica y el mundo entero. A pesar de estar sólidamente edificada en los principios del movimiento moderno, el vocabulario de Barragán es claramente mexicano, alejándose de la imagen industrial del vidrio y el acero del Estilo Internacional europeo para buscar transmitir, mediante la solvencia y sencillez de su lenguaje, sensaciones de calidez y belleza, serenidad y contundencia. Es por ello que esta obra, construida en 1947 y remodelada sucesivamente, es la única vivienda individual en América Latina declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO .

ANTECEDENTES

Luego de mudarse de Guadalajara a México, Barragán empezó a incursionar en el desarrollo inmobiliario, creando urbanizaciones tan importantes como el Pedregal de San Ángel, concluida en 1945. Resulta curioso que, a pesar del éxito comercial de este suburbio, Barragán haya escogido para su vivienda el barrio popular de Tacubaya, donde en 1943 desarrolló su primera vivienda en el número 20 de la calle General Ramírez, y que le sirvió de laboratorio para desarrollar sus ideas de arquitectura.

Casa Ortega, en el número 20, primera casa experimental del Barragán.

Posteriormente vendería esta vivienda (que sería conoce como la casa Ortega) y, en la misma cuadra, construiría su vivienda en el número 14 y su estudio en el número 12.

CONCEPTO

Como otras obras de Barragán, la fachada modestísima no da cuenta de la riqueza arquitectónica que se encierra tras ella. Como una muestra de sencillez, la composición de fachada y el acabado de la misma son muy austeros, integrándose con las casas vecinas, y cuyo único adorno lo constituye una ventana saliente conformando una caja de rejas en retícula .

Detalles de la fachada y la ventana saliente.

Dos aspectos matizan la intensa experiencia de recorrer la casa: la concepción de la luz y el manejo del color. Ambos estimulan la pupila desde el sosiego de plácidos ambientes hasta el vívido contraste de rosados y amarillos con glaucos tonos y la cálida madera.


El diseño es una dramática sucesión de espacios que se concatenan generando efectos visuales y espaciales, pero al mismo tiempo se organizan en un todo integral y balanceado. Es al mismo tiempo un espacio monástico y sensual, amplio e íntimo, una parte y un todo. Como escribía Alfonso Alfaro:
“Luis Barragán es un creador de espacios serenos pero por cuya biblioteca deambulan fantasmas inquietantes: Él es al mismo tiempo un asceta y un dandy, un empresario y un artista, amigo de las Reverendas Madres Capuchinas y lector de Baudelaire, devoto de San Francisco y cercano a los muralistas, exquisito y rural; un hombre, en fin, cuya herencia barroca se expresa en una obra casi del budismo zen”.


Fachadas y cortes. Imágenes cortesía de Casa Luis Barragán


PRIMER NIVEL


Primera planta. Imagen cortesía de Casa Luis Barragán
La fachada austera no deja lugar a imaginar la serie de impactos visuales que se desarrollan al interior de ella. Solamente al ingresar nos recibe una pequeña habitación ámbar, un espacio alargado de piso volcánico de paredes retranqueadas. En una de las paredes de este recibo, recubierta de madera, se adosa una plataforma de madera a modo de banca, un gesto que me recuerda al recibo de la Capilla de las Capuchinas en Tlalpan.

Recibo. Foto cortesía de Casa Luis Barragán


Al traspasar este pequeño espacio nos encontramos con un llamativo muro de color rosa, perteneciente al vestíbulo.

Vestíbulo. Foto cortesía de Casa Luis Barragán
Este colorido fondo contrasta con el blanco del resto del ambiente, en torno al cual se organizan las circulaciones tanto en el primer nivel (hacia la zona de servicios como la zona social) así como las escaleras al segundo nivel, una volumetría masiva sin barandas reminiscente de la arquitectura mestiza colonial (fue inevitable mi asociación de este espacio con algunos rincones del Monasterio de Santa Catalina en Arequipa). Precisamente las escaleras se hallan adornadas con un cuadro dorado de Matías Goeritz, pintor polaco con quien Barragán mantuvo amistad por muchos años.

Alineación al centroVestíbulo. Foto cortesía de Paula Moya

De la escala íntima del vestíbulo pasamos a la doble altura de la estancia biblioteca en donde el espacio se expande con cierta dosis de monumentalidad. No es sin embargo una entrada directa, ya que nos recibe un biombo y al voltear, la mirada hacia el jardín, el cual se integra francamente al interior a través de una generosa mampara cuadrada en forma de cruz.


En este momento experimenté un dejá vu… Yo he visto esto antes en algún sitio… ¡Claro! ¡Es la Iglesia Sobre el Agua de Tadao Ando! Cuando lo comento con el guía, me refiere efectivamente que, durante su visita a esta casa, Ando confesó que este espacio fue de inspiración para su afamada iglesia, sin que el japonés ocultara su admiración por el arquitecto mexicano.
Esta ventana se vale también un recurso interesante, ya que diera la impresión de estar empotrada en un profundo muro, a la usanza de las casas coloniales. Barragán utiliza este ardid frecuentemente, ya que si bien sus muros son delgados, se vale en este caso de un depósito para dar profundidad a la mampara.

Estancia. Foto cortesía de Casa Luis Barragán

Un gesto semejante puede percibirse en la biblioteca contigua, en una ventana cuadrada que es la misma que se proyectaba en la fachada. Esa proyección permite darle profundidad al muro de la biblioteca, al tiempo que los vidrios opacos la separan visualmente del mundano exterior.

Esta ventana prominente viene a ser una ventana hundida en la biblioteca

En esta biblioteca se encuentra una impresionante escalera, ligerísima, que se pliega hasta ascender hasta la sala de música, separada de la biblioteca por un tabique a media altura.


Bibioteca, con la escalera hacia la sala de música. Foto cortesía de Casa Luis Barragán

La biblioteca también se organiza mediante varios biombos que si bien separan sus funciones, permiten que el espacio sea apreciado como un espacio único.

Biblioteca. Foto cortesía de Casa Luis Barragán


La estancia biblioteca se comunica hacia el taller, un espacio de doble altura y ventanas altas, desvinculado del mundo, cuyo techo de madera pintado de amarillo le da un carácter especial a este espacio de máxima concentración y trabajo. Como dijimos, el taller tiene también su entrada independiente desde la calle, aunque ésta no da al ambiente de trabajo propiamente dicho, sino a una secretaría y ambientes de recepción. Pero el taller, este santuario de creación, se encuentra aislado del contacto visual precisamente para dar intimidad al maestro. Sólo el volumen de la escalera se impone con presencia en el espacio, de pisos de madera, paredes blancas e iluminado cenitalmente.
Taller. Foto cortesía de Casa Luis Barragán
Al otro extremo de la casa, hacia el jardín se encuentran los servicios, la cocina, el desayunador y el comedor. Estos ambientes se encuentran diseñados para gozar de vistas hacia el jardín, el desayunador aprovecha la incidencia solar matutina para bañarse de luz a través de una estrecha ventana alta.

Desayunador. Foto cortesía de Casa Luis Barragán

En tanto, el comedor, de mobiliario sencillo, goza de una espléndida vista a través de una generosa ventana. Decora el ambiente un cuadro de un Arcángel, del afamado artista mexicano Jesús Chucho Reyes.

Comedor. Nótese que la mesa está adosada y tiene una sola cabecera, pues a Barragán le gustaba ser el único quien presidiera las cenas. Foto cortesía de Casa Luis Barragán

SEGUNDO NIVEL

Segunda planta. Imagen cortesía de Casa Luis Barragán

El vestíbulo que comentáramos al principio del primer nivel nos conduce a la segunda planta, al vestidor o Cuarto de Cristo, un espacio de luz amarilla que distribuye la circulación a las habitaciones del maestro y a la terraza y que, como diría Barragán, “reduce las tensiones traídas del exterior” antes de ingresar a su aposento.

Cuarto de Cristo. Foto cortesía de Casa Luis Barragán

Aquí especialmente (como en toda la casa) pueden apreciarse dos características de la personalidad del arquitecto: su respeto por la soledad y su fervor religioso. Barragán nunca se casó ni tuvo hijos (lo cual no le impidió haber sido muy popular con las mujeres) de allí que sus aposentos eran sólo para él. De allí que el mobiliario refleja su austeridad, como la simple y larga cama (no olvidemos que Barragán medía 1.90 m) los muebles simples y los objetos religiosos.

Dormitorio principal. Foto cortesía de Casa Luis Barragán

Junto a su dormitorio se ubica la habitación de la tarde o Cuarto Blanco, un ambiente que también comparte ese aire monacal y circunspecto.

Cuarto blanco. Fotos cortesía de Casa Luis Barragán

Hacia el otro lado de la casa, mirando a la calle se ubica la habitación de huéspedes (aquí había antes una terraza) y contigua a ella se encuentra la sala de música o tapanco, que como dijimos, se vincula a la biblioteca mediante una ligera escalera. Desde aquí puede leerse la continuidad del espacio a través de las vigas.
El guía nos muestra una ventana que al abrirse conforma una cruz de luz. “No sé si el espíritu de Tadao Ando me persigue” le comenté “pero esta idea me recuerda poderosamente a su Iglesia de la luz en Osaka”.
“Así es”, respondió el guía. “Ando declaró aquí que la idea de esta ventana fue una inspiración en la concepción del tema de su iglesia”.

Dormitorio de visitas. Nótese la forma en cruz de la ventana. Foto cortesía de Casa Luis Barragán

LOS ESPACIOS EXTERIORES

Desde el taller, una salida indirecta nos conduce al patio de las ollas, un exquisito espacio cuya escala perfecta perspira intimidad y serenidad, y en el que el arquitecto incluye una pileta, una pátina de agua, un gesto que repetiría en muchas otras de sus obras.
Patio de las ollas. Foto cortesía de Casa Luis Barragán

Las ollas de distintos tamaños, símbolo de la artesanía mexicana, contrastan con la pared rosada donde repta una enredadera.

De esta sublime intimidad pasamos al jardín, el cual el arquitecto dejó crecer en libertad y de allí su apariencia semi-natural. Es posible también ver desde aquí las cicatrices de numerosas intervenciones y remodelaciones a la casa, que el arquitecto no se esforzó en disimular.

Jardín. Foto cortesía de Casa Luis Barragán
LA TERRAZA

Terraza. Imagen cortesía de Casa Luis Barragán

En la terraza, a la que se accede desde el Cuarto de Cristo en la segunda planta, el arquitecto despliega su maestría al trabajar los requerimientos funcionales como tanques de agua, lavandería y cuartos de servicio para dotarlos de poesía en una serie de planos y volúmenes que conforman una composición abstracta y un laboratorio cromático.

Terraza. Fotos cortesía de sachiyo

CONCLUSIÓN

Creo que esta es una de las visitas que más me haya impresionado. Al salir, es difícil poder resumir el sinnúmero de sensaciones almacenadas en el recorrido, es difícil reproducir en palabras la belleza que estos espacios transmiten. Ha sido una lección de contundencia y claridad en los principios arquitectónicos y los postulados de la arquitectura moderna. Pero es fundamentalmente una lección de humildad, de cómo se puede lograr tanto con tan pocos recursos, de cómo se puede llegar a ser eterno sin aspavientos, de cómo mediante el silencio se puede decir tanto. Algo característico en la arquitectura del gran maestro Luis Barragán.


VER TAMBIEN

-
OTRAS OBRAS DE LUIS BARRAGÁN


- VIVIENDA UNIFAMILIAR

- ENLACES EXTERNOS


Junto a mi amable anfitrión y amigo, el arquitecto Paco Perez V.