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27 enero, 2007

COLCA LODGE, INTEGRÁNDOSE AL PAISAJE CULTURAL


COLCA LODGE AND THE COLCA VALLEY'S CULTURAL LANDSCAPE
English version

"Inevitablemente valorar todo el paisaje cultural, implica valorizar tanto o más lo intangible como lo tangible, lo mágico como lo real, lo popular como lo áulico, en fin, sumergirse en el goce de la vida misma, antes que solazarse en sus manifestaciones más ilustradas y exitosas."
Rubén Pesci.


Foto cortesía de Southamerica.art

El cañón del Colca es una impresionante estructura geológica localizada en el departamento de Arequipa, en el sur del Perú. Con sus 3250 metros, es dos veces y media más profundo que el Cañón del Colorado, EE.UU (1400 metros) y es el segundo cañón más profundo en el mundo, tan sólo superado en profundidad por el cañón de Cotahuasi (3535 metros), también localizado en Arequipa. El cóndor, ave andina cuya envergadura en vuelo es la más grande el planeta, suele enseñorearse sobrevolando los inmensos abismos, como un protagonista majestuoso y un espectador envidiable de este increíble paisaje.


Esta extraordinaria grieta alberga diversos climas y nichos ecológicos y ha permitido el desarrollo de diversas especies, de las que da cuenta el conservacionista Mauricio de Romaña (El propio Romaña y Carlos Zeballos Barrios han impulsado grandemente el "redescubrimiento" del Colca, a través de estudios y la publicación de guías turísticas).

Culturas milenarias como los Collaguas y han poblado el valle del Colca, transformándolo en un imponente paisaje cultural, moldeando las laderas imposibles de los andes con terrazas y poblados (Según define Carl Sauer en su "Morfología del Paisaje" (1925), el paisaje cultural es la interacción de un grupo social sobre un paisaje natural. La cultura es el agente, lo natural es el medio; el paisaje cultural es el resultado.)

Luego de la conquista española los habitantes del Colca fueron agrupados en reducciones, formando poblados que se asentaron a ambos lados del valle, estableciendo una organización espacial y económica del territorio que ha sido estudiada por especialistas como la Dra. María Rostworowski, el arquéologo Steve Wrenkle y el CIARQ .


Las iglesias del Valle del Colca constituyen uno de los patrimonios más importantes en Sudamérica, ya que albergan verdaderas joyas de arte colonial. Ramón Gutiérrez ha publicado un interesante estudio sobre la arquitectura colonial en el Colca y la AECI (Agencia Española de Cooperación Internacional) viene ejecutando diversos proyectos para su restauración y potenciamiento en un interesante programa en el que se capacita a la propia población local en el cuidado de su patrimonio.


EL HOTEL COLCA LODGE

En medio de este contexto, como un espectador privilegiado de este magnífico escenario, se encuentra el Colca Lodge, proyectado por el reconocido arquitecto peruano Álvaro Pastor.


Pastor se educó en Tucumán, Argentina y trabajó junto a su compatriota Enrique Ciriani en París. Ha tenido una fértil labor proyectual que le ha merecido reconocimientos a nivel nacional e internacional, entre ellos el primer lugar en el concurso del museo Machu Picchu, que realizara junto a los arquitectos G. Valdivia, E. Suárez, H. Perochena y R. Borda. Es docente principal de la Universidad Católica de Arequipa, y también lo ha sido en la UNSA en esa ciudad.

Pastor es dueño de una singular sensibilidad por el material y el lugar en el que proyecta, sin perder por ello el lenguaje contemporáneo que caracteriza su arquitectura. Este respeto al locus lo ha llevado a proyectar el hotel Colca Lodge utilizando métodos constructivos de los pobladores del valle, como la piedra, barro, madera y paja, sin perder la exquisitez en el detalle ni el cálido confort que esta instalación le requería.


El hotel se ubica se entre los pueblos de Coporaque e Ichupampa, desarrollándose en una pequeña planicie frente al río Colca, extendiéndose como la prolongación de las andenerías que esculpen las laderas de los cerros, al igual como hace 1500 años.


El conjunto ha tomado como referencia la arquitectura tradicional local, y de hecho se asemeja a un pequeño poblado andino.


El corazón del mismo es el restaurante, un cubo macizo de piedra al que se le superpone otro cubo acristalado cubierto por una pirámide de paja.


Frente a él se encuentra la una plaza circular, llamada la plaza de la luna, denominada así según la antigua costumbre de observar el astro lunar reflejado en los espejos de agua.


Las habitaciones, a manera de casitas, se organizan en dos barras que nacen de este núcleo, sirviéndose de "callecitas" empedradas. La conformación de las barras (una de ellas semicircular) armonizan con la topografía y la andenería circundante.


Las casitas, que se diferencian rítmicamente en altura, se separan del espacio público por medio de un foyer que sirve de recibidor a las mismas. Al final de cada barra de encuentra un módulo de dos pisos, correspondiente a las habitaciones principales.


El interior de las habitaciones expresa con suprema sencillez,el lenguaje vernacular andino, pero al mismo tiempo ofrece un ameno juego espacial con los elementos que los componen.
En el caso de las suites, Pastor ha ubicado una zona social en el primer nivel, consistente en una salita y una cocinilla, con su expansión a una terraza y a una poza privada.


De esta forma, el arquitecto privilegia la ubicación del dormitorio en la segunda planta, ofreciendo al huésped una vista espectacular del valle.


El hotel aprovecha las numerosas aguas termales que, producto de la actividad volcánica de la zona, son frecuentes en las inmediaciones. Sin embargo, han sido cuidadosamente diseñadas para no interferir con el ambiente natural, ya que el arquitecto utilizó un sistema de canales similares a los que utilizaban los Collaguas.


El diseño de las suites incluye pequeñas pozas privadas, ideales para disfrutar de las aguas termales a la luz de la luna o al amanecer que destacan en el aire ralo e impoluto.


Para la construcción de este hotel Álvaro Pastor contó con el apoyo de Marcello Berolatti, quien es también un arquitecto peruano que desde hace varios años viene experimentando con métodos constructivos tradicionales.
El conjunto del Colca Lodge redefine los códigos de una sintaxis arquitectónica vernacular y los re-compone en una organización contemporánea y confortable, integrándose al paisaje con humildad y al mismo tiempo con maestría.

VER TAMBIÉN
- ARQUITECTURA Y PAISAJE


- BAÑOS TERMALES Y NATURALEZA


01 enero, 2007

KURAMA Y LOS BAÑOS EN LA MONTAÑA SAGRADA


ENGLISH VERSION

Japón es un país montañoso y que presenta continua actividad volcánica, por tanto es frecuente encontrar aguas termales que son llamadas onsen (温泉). Pero más allá de un fenómeno puramente geológico, en Japón los onsen son parte de una tradición cultural milenaria, una relación íntima entre el ser humano y la naturaleza, y en donde la arquitectura se ha prestado graciosamente para favorecer esa relación.

Según refiere Suehiro Tanemura, los primeros usuarios de los baños termales fueron los dioses. De acuerdo a la Guía de los siete baños termales, "antes de que los ancestros celestiales descendieran, los dioses Oonamuchi y Sukuna-hikona reinaron la Tierra Central y las Planicies de Junco. Conmiserándose por la corta vida de los humanos, establecieron métodos para aliviar sus males; la medicina, las abstinencias y los baños termales".



Es así que los onsen fueron usados primeramente como una forma de medicina arcaica. Era común encontrar baños termales para aliviar, por ejemplo, a los soldados heridos y esta práctica se extendió incluso hasta durante la segunda guerra mundial. Su privilegiada ubicación en el corazón de las montañas permitía, además de experimentar las propiedades curativas de las aguas minerales, establecer un íntimo contacto con la naturaleza.


Hoy en día los onsen son uno de los mayores atractivos turísticos en Japón, ya que funcionan como válvulas de escape para el creciente estrés moderno y a la vez son formidables niveladores sociales: son espacios en que, despojados de toda vestimenta, comparten por igual gerentes y empleados, ricos y pobres, niños y ancianos, hombres y mujeres... ¡¿hombres y mujeres?! Bueno, hasta hace algunos años sí, pero ahora casi todos los onsen tienen baños diferenciados por género.

El monte Kurama, ubicado a 12 km al norte de Kioto, es un escenario privilegiado para un onsen, engastado entre sus estribaciones espesamente boscosas cubiertas de cipreses.


EL TEMPLO DE KURAMA

El monte Kurama ha tenido importancia para los habitantes de Kioto desde su fundación a fines del siglo VIII hasta nuestros días.



El santuario de Kurama data de 770 y fue erigido por el monje Gantei como guardián del norte de la recién fundada ciudad de Heian Kyoo (hoy Kioto).

Niomon (Puerta de los Guardianes) a la entrada del templo.

En realidad, se trata de un conjunto de múltiples edificios religiosos, que se encuentran dispersos en la montaña. El camino que acompaña la ascensión del peregrino , frecuentemente acompañado de farolas o estelas de piedras grabadas con plegarias, va ofreciendo también espacios para el descanso desde los que se contemplan impresionantes vistas de la ciudad.


Aunque este templo pertenecía originalmente a la secta Tendai, el templo de Kurama es hoy la sede de la secta budista Kurama Kyoo.


Cada 22 de octubre se desarrolla también en el monte Kurama uno de los eventos más populares en Kioto, el festival del fuego o Hi Matsuri, que es una celebración para recibir a la deidad de Kurama. A las 6 de la tarde cientos de antorchas pueblan las inmediaciones del templo de Yuki jinja, y especialmente unas antorchas gigantes de más de 3 metros de altura, hechas de pino y de unos 80 kilos de peso. La procesión de gigantescas antorchas, cargadas por hombres semi desnudos, vestidos a la usanza de los viejos guerreros, atrae cada a decenas de miles de visitantes.



El monte Kurama es también la cuna del Reiki, una práctica de curación espiritual con la imposición de manos, creada a principios del siglo XX. Cuenta la historia que su fundador, el maestro Usui, se adentró en la montaña y tras 21 días de profunda meditación y ayuno tuvo una iluminación. Estaba tan emocionado con su experiencia que se apresuró en bajar de la montaña y en algún momento tropezó y cayó, hiriéndose a sí mismo. Instintivamente puso sus manos en la herida, la cual curó rápidamente. Es así que descubrió su habilidad de curar, y pasó los siguientes cuatro años perfeccionando su filosofía de auto-ayuda y curación.

Dr. Mikao Usui

ONSEN EN KURAMA

Pero, como decíamos, el monte Kurama es también famoso por sus onsen los cuales pueden ser disfrutados en primavera con los cerezos en flor, en verano, escapando del calor de Kioto, o en otoño, sumergido en un paisaje salpicado de sepias, rojos y amarillos. Pero esta vez decidimos visitarlo en invierno, en un día en que algunos copos de nieve cayeron sobre la ciudad, derritiéndose al contacto del suelo kiotoíta. En sólo 20 minutos a bordo del tren el paisaje cambia completamente y mientras vamos subiendo hacia Kurama los árboles se cubren de una espesa nieve.


Al llegar a la estación, nos recibe una gigantesca máscara de larga nariz que representa a Tengu, la mítica deidad que vive en lo alto del monte Kurama, y que es poseedor de poderes sobrenaturales, un engañoso sentido del humor y extraordinarias habilidades marciales, lo que lo han hecho protagonista de varios cuentos y leyendas. Como relata Lucy Moss, una de las más famosas leyendas antiguas narra cómo el Rey de Tengu, el anciano Sojobo, entrenó al héroe del siglo XII Minamoto Yoshitsune en el arte de la esgrima, artes marciales y estrategia militar.


A pocos minutos de la estación se encuentran los baños de Kurama. La aproximación al edificio se hace mediante un camino sinuoso de piedra, que acentúa su carácter natural.


Los baños de hombre y mujeres son diferenciados por una pequeña cortina, llamada noren. Usualmente, sutiles detalles como éstos son suficientes para determinar el carácter público o privado de los espacios.


Al interior y tras despojarse del calzado y luego del resto de la ropa (en ese orden) el bañista debe previamente lavarse con jabón en duchas especialmente preparadas para tal fin. Es contra la costumbre ingresar al onsen sin haberse aseado previamente.



Una vez realizados estos menesteres, es posible disfrutar del espectacular baño a cielo abierto (otemburo), deslizándose tranquilamente sobre el agua caliente. No es recomendable intentar un trampolín con doble salto mortal, pues la probable eventualidad de una fractura implicaría un grave problema de discriminación social: sangre en el agua implicaría una impureza inaceptable.
Además, la idea es participar de una experiencia bucólica, extasiados ante el glauco paisaje, adormecidos por el suave murmullo del agua, semi-levitando entre vapores y niebla, mientras la nieve juguetea en nuestras cabezas... una vivencia maravillosamente relajante, saludablemente tonificante...


Para ver un vídeo de nuestra visita, presiona aquí



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