09 enero, 2007

LOS BAÑOS DEL INCA. TAMBOMACHAY


ENGLISH VERSION

“La ciudad del Cusco era casa y morada de los dioses. Y así había en toda ella ni fuente ni pozo ni pared que no decían tenía misterio”.
"...that city of Cuzco was house and dwelling of gods, and thus there was not, in all of it, a fountain or passage or wall which they did not say held mystery."

Juan Polo de Ondegardo, cronista, 1571.

Es ineludible establecer una similitud entre la cultura japonesa y el mundo andino prehispánico en lo referente a la relación del paisaje y la arquitectura tradicional. En el caso específico de los baños públicos, ambas culturas establecieron una relación entre el agua, lo espiritual y el paisaje. Sin embargo, y talvez por que las lluvias son menos pródigas en la semi árida cordillera andina que en el boscoso archipiélago japonés, los baños en el imperio Inca pertenecieron a un ámbito más circunspecto, un círculo asociado a lo divino y lo sagrado y vinculado al culto al agua. Por ello, según Fernando y Edgar Ellorrieta, es notorio que de los cerca de trescientos cincuenta adoratorios que circundaban la ciudad del Cusco en Perú, noventa y dos fueran destinados al culto de manantiales y fuentes de agua.

Impresionantes trabajos de ingeniería y fina arquitectura asociados a las fuentes pueden ser encontrados en Tipón, Ollantaytambo y Machu Picchu entre otros y los baños del Inca en Cajamarca eran considerados un lugar de descanso del soberano del incario. Importantes trabajos acerca del culto al agua en el imperio inca incluyen "Culto al Agua en el Antiguo Perú" por Rebeca Carrión Cachot y "los Trabajos Hidráulicos del Inca en el Antiguo Perú" por Alberto Regal Matienzo.

El caso que hoy nos ocupa es un pequeño complejo llamado Tambomachay, ubicado a unos 8 kms. al norte del Cusco y muy cercano a las ruinas de Puka Pukara.

Ubicación de Tambomachay

Tambomachay
proviene de dos vocablos quechuas: Tampu que era una especie de hospedaje y Machay, que significa caverna, y que se refiere a las numerosas cuevas que rodean el lugar y que según la tradición habrían sido objeto de veneración. Es probable, sin embargo, que Tambomachay haya sido un alojamiento cercano, una casa, y que este sitio , según Bernabé Cobo (1653) se haya llamado originalmente Quinua Puquio (el manantial de la quinua), "una fuente de dos manatiales cerca a Tambomachay".

Cuevas en Tambomachay

El conjunto es una impresionante escenografía empotrada en las estribaciones de la montaña, un un marco meticulosamente erigido en torno a un manatial subterráneo, un homenaje al agua como fuente de vida. La integración al paisaje es tan lograda que el complejo parece ser parte del mismo: no es sólo un lugar desde dónde contemplar la naturaleza, Tambomachay es parte del paisaje.


El complejo principal consta de cuatro muros que definen terrazas empotradas en el cerro, dispuestas de modo que generan un efecto de profundidad cuyas capas resultan de la topografía.

Foto cortesía de Enrique Aguilar

La edificación utiliza la famosa cantería de piedra inca, compuesta de bloques irregulares finamente labrados y perfectamente ensamblados, aunque su calidad no es tan espectacular como la que se encuentra en algunos templos del Cusco.

Foto cortesía de boletoturisticocusco.com

En la terraza superior se ubican cuatro nichos trapezoidales de aproximadamente 2 metros cada uno. Según el arqueólogo García Rossell, los cimientos del conjunto parecen indicar que originalmente era un recinto cerrado, y frente al conjunto se ubicaba un torreón circular que debió tener fines de defensa y comunicación. "Todo hace suponer que el lugar donde se encuentran las ruinas haya sido una de las residencias favoritas de los incas, como un balneario de reposo, a la vez que uno de los pilares del sistema defensivo del valle del Cusco" menciona.


En la parte inferior, se hallan los llamados "Baños del Inca" una fuente litúrgica en la que dos canales artísticamente tallados vienen virtiendo el líquido elemento desde hace siglos, todos los días del año, todas las horas del día. Según el investigador norteamericano Jerry Fairley la construcción inca controla la descarga de agua subterránea entre dos riscos de piedra caliza. Las paredes de piedra recolectan y flitran el agua, retardando su descarga y logrando un flujo permanente y controlado.


A la derecha del conjunto se ubican unas diminutas escaleras precedidas de un muro que presenta dos nichos de disímil tamaño. A continuación se halla un pórtico de doble jamba, utilizada frecuentemente en otras construcciones incas para jerarquizar un ingreso. Junto ha éste se encuentra un pequeño recinto que sirve de antesala al manantial.


Tambomachay es un complejo interesante, al que los miles de turistas que lo visitan no dedican generalmente más allá de 15 minutos. Pero visto con detenimiento, llama la atención por su profundo significado, por la compleja parafernalia dispuesta para la veneración de un manantial, por el estudiado y meticuloso conocimiento del entorno natural, no sólo por la madurez estética con la que se integra al paisaje y por la simpleza espiritual que transmite el sonido del agua, si no por la inventiva tecnológica que dialoga con las entrañas de la tierra. Un trabajo de este nivel denota la topofilia de la sociedad inca, expresada claramente en la poderosa simpleza de su arquitectura.


"La topofilia... puede ser útil para incluir a grandes rasgos todos los lazos afectivos que unen al ser humano con su ambiente material... La respuesta al ambiente puede ser meramente estética: puede variar desde el fugaz placer que se obtiene de una vista hasta el igualmente fugaz pero mucho más intenso sentido de la belleza que es súbitamente revelada..."
Yi-Fu Tuan

05 enero, 2007

LAS TERMAS DE CARACALLA


ENGLISH VERSION.

A diferencia de los baños japoneses onsen, donde el baño era una actividad íntima y de contacto con la naturaleza, o de los incas, en que el baño del inca era asociado a ceremonias religiosas, en el imperio Romano los baños eran una actividad social por excelencia. El baño no sólo cumplía una función higiénica, sino que era un nivelador social al que concurrían hombres y mujeres, libres y esclavos. Era además asociado al placer y en las ciudades grandes como Roma era frecuente que el baño implicase promiscuidad, por lo que los cristianos y los filósofos se negaban a participar de él y acudían a bañarse un par de veces al mes. La relación con el paisaje existía, pero más que localizar los baños en un lugar especial en el paisaje, como en los casos anteriormente mencionados, el paisaje era creado artificialmente para deleite de los bañistas.

El caso que nos ocupa es el de los baños de Caracalla, las termas más grandes que sobreviven hasta hoy y las segundas más grandes en haberse construído, después de las de Diocleciano (en español, estos baños "termas", voz que proviene del griego "thermos" (θερμός), que significa "caliente").

Tamaño comparativo de algunas de las Termas construidas en Roma.

Este complejo fue iniciado por el emperador Septimo Severo en 206 D.C y completado por Caracalla entre 212-217 DC. Posteriormente, otros emperadores como Elagábalo y Alessandro Severo complementaron la obra o la refaccionaron. El edificio fue destruído por un terremoto en 847, aunque ya desde 537 no podía ser usado ya que los canales de agua fueron destruídos por una guerra.

Las Termas en ruinas en el siglo XVII, enterradas varios metros.
Grabado de Giovanni Battista Piranesi (1720-1778)

El conjunto ocupa una extensión de 13 hectáreas y se ubica al inicio de la Vía Apia. El edificio principal tenía 228 m de largo por 166 de ancho y 38.5 de alto.

Ubicación de las Termas de Caracalla al inicio de la Vía Apia.

Además de los baños, incluía espacios de reunión, bibliotecas y hasta un pequeño estadio, pudiendo albergar hasta 1700 bañistas.

El recinto se hallaba definido por un cerco cuadrangular. El diseño, como en muchos otros casos en la arquitectura romana,
seguía un patrón simétrico.


En el noreste se ubicaba el ingreso principal, flanqueado por pórticos en dos niveles que contenían locales comerciales. Tras atravesar los pórticos de ingreso, se encontraban breves jardines que precedían al cuerpo central. Tras el ingreso se llegaba a los vestuarios (apodytera), donde el usuario luego de despojarse de su ropas las dejaba en un estante. Posteriormente hacía ejercicio en el gimnasio (palestra) o recibía un masaje en alguno de los cuartos conexos. Las termas contaban con tres tipos de baños: fríos, calientes y tibios.

En la parte anterior se halla el Frigidarium, un gran salón conteniendo los baños fríos y que tenía una enorme piscina descubierta o natatio. En medio del edificio se hallaba el Tepidarium, que eran los baños tibios. Posteriormente iba al Caldarium, una especie de baños sauna, cuyas paredes eran calentadas a través de tubos huecos de terracota y cuya figura cilíndrica cubierta por una cúpula dominaba la parte posterior del conjunto.
A los costados se encontraban dos grandes salientes semicirculares que conformaban las bibliotecas. Al fondo, se ubicaba el estadio que sólo tenía graderías por un lado, escondiendo tras sí las enormes cisternas.


Uno de los aspectos que más llamó mi atención fue la impresionante escala del edificio. Este no era un templo o un palacio, era un equipamiento de uso público. Sin embargo la impresionante monumentalidad de la escala deja claro el mensaje de la arquitectura como instrumento simbólico del poder imperial.



El sistema constructivo combinó el uso del ladrillo cocido con el hormigón (opus caementicium) el cual era una mezcla de pequeñas piedritas y un mortero de arena y cal. Pero aun más impresionante es el complicado sistema hidráulico que servía a los baños.
El agua era traída de los manantiales de Subiaco, a 100 km de Roma, a través del acueducto Aqua Marcia y de allí se abastecía un ramo especial llamado Aqua Antoniniana. El agua llegaba a una enorme cisterna dividida en 18 compartimentos y una capacidad de 80,000 m3. Desde allí bajaba por gravedad a unos tubos y atravesaba los jardines rumbo al edificio.
Existían tres redes de túneles, hechos para facilitar la inspección y mantenimiento de las instalaciones: para agua, desagüe y almacenamiento de madera, que era usada en cerca de 50 hornos para calentar el agua.


El interior de las termas era magnífico. La piscina o natatio era descubierta y decorada con cuatro columnas de granito. Existían tambien grandes espejos de bronce para reflejar la luz solar. Las paredes tenían recubrimientos de mármol o estaban decoradas con frescos y cientos de estatuas se ubicaban en nichos en varios niveles.

Interior de las termas
Imagen 3D cortesia de Gordana Beaulieu

Interior de las termas
Imagen 3D cortesia de Altar4 Multimedia

Los pisos eran cubiertos de mosaicos blancos y negros, algunos de los cuales aun pueden ser apreciados en el lugar.

El diseño paisajista era notable, los jardines rodeaban al edificio siguiendo patrones geométricos e incluyendo estatuas, fuentes y lugares de reunión y conversación.

En el siglo XX, las termas fueron replicadas en la estación de Pennsylvania en Nueva York, en 1911, dando una idea más tangible de la grandiosidad de este impresionante conjunto.

Estación de Tren de Pennsylvania, Nueva York, 1911

Hoy en día, además de ser un atractivo turístico importante, las termas viene siendo en las últimas décadas un escenario incomparable para representaciones culturales, teatrales y musicales.


Documental de History Channel sobre Caracalla y las termas





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Luciano Pavarotti en las Termas de Caracalla junto a Dolores O’Riordan, de Cranberries, cantando Ave Maria

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01 enero, 2007

KURAMA Y LOS BAÑOS EN LA MONTAÑA SAGRADA


ENGLISH VERSION

Japón es un país montañoso y que presenta continua actividad volcánica, por tanto es frecuente encontrar aguas termales que son llamadas onsen (温泉). Pero más allá de un fenómeno puramente geológico, en Japón los onsen son parte de una tradición cultural milenaria, una relación íntima entre el ser humano y la naturaleza, y en donde la arquitectura se ha prestado graciosamente para favorecer esa relación.

Según refiere Suehiro Tanemura, los primeros usuarios de los baños termales fueron los dioses. De acuerdo a la Guía de los siete baños termales, "antes de que los ancestros celestiales descendieran, los dioses Oonamuchi y Sukuna-hikona reinaron la Tierra Central y las Planicies de Junco. Conmiserándose por la corta vida de los humanos, establecieron métodos para aliviar sus males; la medicina, las abstinencias y los baños termales".



Es así que los onsen fueron usados primeramente como una forma de medicina arcaica. Era común encontrar baños termales para aliviar, por ejemplo, a los soldados heridos y esta práctica se extendió incluso hasta durante la segunda guerra mundial. Su privilegiada ubicación en el corazón de las montañas permitía, además de experimentar las propiedades curativas de las aguas minerales, establecer un íntimo contacto con la naturaleza.


Hoy en día los onsen son uno de los mayores atractivos turísticos en Japón, ya que funcionan como válvulas de escape para el creciente estrés moderno y a la vez son formidables niveladores sociales: son espacios en que, despojados de toda vestimenta, comparten por igual gerentes y empleados, ricos y pobres, niños y ancianos, hombres y mujeres... ¡¿hombres y mujeres?! Bueno, hasta hace algunos años sí, pero ahora casi todos los onsen tienen baños diferenciados por género.

El monte Kurama, ubicado a 12 km al norte de Kioto, es un escenario privilegiado para un onsen, engastado entre sus estribaciones espesamente boscosas cubiertas de cipreses.


EL TEMPLO DE KURAMA

El monte Kurama ha tenido importancia para los habitantes de Kioto desde su fundación a fines del siglo VIII hasta nuestros días.



El santuario de Kurama data de 770 y fue erigido por el monje Gantei como guardián del norte de la recién fundada ciudad de Heian Kyoo (hoy Kioto).

Niomon (Puerta de los Guardianes) a la entrada del templo.

En realidad, se trata de un conjunto de múltiples edificios religiosos, que se encuentran dispersos en la montaña. El camino que acompaña la ascensión del peregrino , frecuentemente acompañado de farolas o estelas de piedras grabadas con plegarias, va ofreciendo también espacios para el descanso desde los que se contemplan impresionantes vistas de la ciudad.


Aunque este templo pertenecía originalmente a la secta Tendai, el templo de Kurama es hoy la sede de la secta budista Kurama Kyoo.


Cada 22 de octubre se desarrolla también en el monte Kurama uno de los eventos más populares en Kioto, el festival del fuego o Hi Matsuri, que es una celebración para recibir a la deidad de Kurama. A las 6 de la tarde cientos de antorchas pueblan las inmediaciones del templo de Yuki jinja, y especialmente unas antorchas gigantes de más de 3 metros de altura, hechas de pino y de unos 80 kilos de peso. La procesión de gigantescas antorchas, cargadas por hombres semi desnudos, vestidos a la usanza de los viejos guerreros, atrae cada a decenas de miles de visitantes.



El monte Kurama es también la cuna del Reiki, una práctica de curación espiritual con la imposición de manos, creada a principios del siglo XX. Cuenta la historia que su fundador, el maestro Usui, se adentró en la montaña y tras 21 días de profunda meditación y ayuno tuvo una iluminación. Estaba tan emocionado con su experiencia que se apresuró en bajar de la montaña y en algún momento tropezó y cayó, hiriéndose a sí mismo. Instintivamente puso sus manos en la herida, la cual curó rápidamente. Es así que descubrió su habilidad de curar, y pasó los siguientes cuatro años perfeccionando su filosofía de auto-ayuda y curación.

Dr. Mikao Usui

ONSEN EN KURAMA

Pero, como decíamos, el monte Kurama es también famoso por sus onsen los cuales pueden ser disfrutados en primavera con los cerezos en flor, en verano, escapando del calor de Kioto, o en otoño, sumergido en un paisaje salpicado de sepias, rojos y amarillos. Pero esta vez decidimos visitarlo en invierno, en un día en que algunos copos de nieve cayeron sobre la ciudad, derritiéndose al contacto del suelo kiotoíta. En sólo 20 minutos a bordo del tren el paisaje cambia completamente y mientras vamos subiendo hacia Kurama los árboles se cubren de una espesa nieve.


Al llegar a la estación, nos recibe una gigantesca máscara de larga nariz que representa a Tengu, la mítica deidad que vive en lo alto del monte Kurama, y que es poseedor de poderes sobrenaturales, un engañoso sentido del humor y extraordinarias habilidades marciales, lo que lo han hecho protagonista de varios cuentos y leyendas. Como relata Lucy Moss, una de las más famosas leyendas antiguas narra cómo el Rey de Tengu, el anciano Sojobo, entrenó al héroe del siglo XII Minamoto Yoshitsune en el arte de la esgrima, artes marciales y estrategia militar.


A pocos minutos de la estación se encuentran los baños de Kurama. La aproximación al edificio se hace mediante un camino sinuoso de piedra, que acentúa su carácter natural.


Los baños de hombre y mujeres son diferenciados por una pequeña cortina, llamada noren. Usualmente, sutiles detalles como éstos son suficientes para determinar el carácter público o privado de los espacios.


Al interior y tras despojarse del calzado y luego del resto de la ropa (en ese orden) el bañista debe previamente lavarse con jabón en duchas especialmente preparadas para tal fin. Es contra la costumbre ingresar al onsen sin haberse aseado previamente.



Una vez realizados estos menesteres, es posible disfrutar del espectacular baño a cielo abierto (otemburo), deslizándose tranquilamente sobre el agua caliente. No es recomendable intentar un trampolín con doble salto mortal, pues la probable eventualidad de una fractura implicaría un grave problema de discriminación social: sangre en el agua implicaría una impureza inaceptable.
Además, la idea es participar de una experiencia bucólica, extasiados ante el glauco paisaje, adormecidos por el suave murmullo del agua, semi-levitando entre vapores y niebla, mientras la nieve juguetea en nuestras cabezas... una vivencia maravillosamente relajante, saludablemente tonificante...


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