15 mayo, 2008

ARATA ISOZAKI: CENTRO DE ARTE EN YAMAGUCHI


La evolución de la tecnología ha permitido el desarrollo de un nuevo tipo de arte, el arte multimedia. A diferencia de la pintura, la escultura e incluso el cine, este “arte inteligente” permite la interacción con el usuario, modificándose constantemente de acuerdo a los estimulos originados por los participantes, resultando en una múltiple y dinámica variedad de experiencias.

Diseñar un edificio dedicado a la difusión de este arte e información, con equipamientos especificos para este fin en medio de la pequeña ciudad de Yamaguchi resultaba una idea abstracta y extraña para sus habitantes. Por ese motivo, tras elecciones municipales, las nuevas autoridades detuvieron la ejecución de la obra, cuyo proyecto fue diseñado por el prestigioso arquitecto Arata Isozaki. Luego de involucrar a la población local, fomentando talleres de participación y comunicación, el proyecto fue revisado, felizmente culminado e inaugurado, en noviembre del 2003.


El Yamaguchi Center of Arts and Media, YCAM, es un edificio de dos niveles, alargado y de proporciones rectangulares. A la geometría paralelepípeda y cartesiana que conforma la base se superpone la ondulante y coqueta silueta del techo, cuyo perfil evoca las montañas que circundan la ciudad de Yamaguchi.

Foto cortesía de Shift

Vista nocturna de la fachada, el edificio se convierte en un perfil de luz. Foto C. Zeballos

Este juego entre la geometría platónica y la curva libre fue ensayado también por Isozaki en el Kyoto Concert Hall. En el YCAM, el arquitecto contrapone la solidez de las paredes recubiertas de granito a la pantalla acristalada que sostiene de la curva. Este detalle, le da a la cobertura una sensación de ligereza y etereidad. Además, alineó los puntos más altos de la curvatura con el centro de los espacios, dándoles mayor jerarquía al interior y a su vez logrando simetría, equilibrio y sensación de amplitud.


El Centro consta de 3 espacios llamados estudios y una biblioteca multimedia, alineados como si se tratase de un tren.
La premisa funcional más importante en ellos era lograr la flexibilidad de uso propia de todo museo, pero con el soporte tecnológico que permita la adecuación de las exhibiciones más sofisticadas.



El estudio A, es el más grande de los tres espacios. Contiene un auditorio cuyos asientos pueden elevarse o descender neumáticamente. Al replegarse, el espacio puede llegar a ampliarse hasta 800 m2. Adicionalmente, el diseño acústico es apropiado para su uso como teatro. El estudio B es más pequeño, pensado para exhibiciones y actuaciones que involucren movimiento del cuerpo o presentación de películas o video.

Foto cortesía de Shift
El estudio C es un pequeño auditorio para 100 personas pensado para cine o conferencias, cuyas paredes, techo y piso han sido también recubiertos con materiales que favorecen una mejor acústica.

Foto cortesía de Shift

El espacio interno se ameniza merced a generosos pozos de luz que a manera de escisiones calan transversalmente la oblonga nave, bañándola con luz natural y logrando un confort climático al interior del edificio.

Triple altura le da este espacio interno monumentalidad y al mismo tiempo luz e integración al exterior.
Foto C. Zeballos

El área de estos islotes lumínicos es lo suficientemente generosa para albergar vegetación y estares.

Jardín interior, fuente de luz natural. Foto C. Zeballos

El Yamaguchi Arts of Media Center abrió sus puertas el 1 de noviembre del 2003 con una ostentosa instalación, llamada Amodal Suspension, de Rafael Lozano-Hemmer.


El público fue protagonista de la muestra, ya que los mensajes de texto enviados desde celular o internet a un determinado web site eran recibidos, decodificados y convertidos en patrones de luz para luego ser proyectados a traves de haces de luz automatizadas. Cientos de miles de personas y millones de mensajes de todo el mundo poblaron el cielo de Yamaguchi en un vistoso y siempre variante juego luminoso. La muestra fue inaugurada por un mensaje de texto enviado por el astronauta español Pedro Duque desde la Estación Espacial Internacional, con la frase Astronautas, admiren la nueva aurora japonesa

Desde entonces, numerosas instalaciones buscan fomentar la comunión entre arte y tecnología. ¿Deseas ubicarte en medio de las calles de París, Nueva York o Tokio? Sound and street es una muestra que reproduce en relieve porciones de mapas de estas ciudades, y el usuario puede escuchar grabaciones sonoras sus calles al presionar sobre ellas con un lápiz optico.



Una de las muestras más interesantes es Gravity and Resistence, de Seiko Mikami y Sota Ishikawa. En una sala alargada, proyectores-robot móviles, instalados sobre carriles en el techo y apuntando hacia abajo, superponen una serie de secuencias de imagen y sonido. Sensores láser permiten leer la ubicación de las personas en la sala y modificar la posición, recorrido y contenido de la secuencia proyectada, resultando en una infinita combinación de variaciones.

Tres vistas de la exposición Gravity and Resistence.
Foto C. Zeballos

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Gilad escuchando las calles de París.

10 mayo, 2008

LA ÓPERA DE SÍDNEY

ENGLISH VERSION

La Ópera de Sídney (o Sydney Opera House) es el símbolo de Australia, así como la torre Eiffel lo es de Francia. Fue una de las candidatas al concurso la Nuevas 7 Maravillas y ha sido recientemente declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, siendo el único monumento cuyo arquitecto estaba vivo al momento de su designación. Su creador, el laureado danés Jørn Utzon, obtuvo en el 2003 el premio Pritzker de arquitectura. Pero sobre todo la Ópera de Sídney es una obra maestra de la arquitectura, ingeniería y acústica al servicio de la música y que ha logrado trascender como el símbolo icónico de una nación.

Atardecer sobre la Ópera. Foto C. Zeballos

UBICACIÓN.

La Ópera se emplaza de norte a sur en una península llamada Bennelong Point (Bennelong fue el primer nativo que aprendió inglés y en este punto se construyó su casa en 1790). Es un lugar privilegiado a la entrada de la bahía de Sídney y por esta razón en 1817 en este lugar se erigió un fuerte llamado Fort Macquarie.

Vista del antiguo Fuerte Macquarie, en la península Bennelong Point.

Con el tiempo, en esa zona se construyó una estación de tranvías que duraría hasta 1955, fecha en que se demolió para dar paso a la ópera. La península permite ser vista desde todos los ángulos, tanto desde el mar como desde los Jardines Botánicos Reales a su espalda, a la vez que goza de espectaculares vistas desde el puente Harbour.

Ubicación de la Ópera en la península Bennilong Point, que se emplaza de norte a sur. El este se halla el Puente Harbour y al sur Circular Quay.
Ver ubicación en Google Maps

EL CONCURSO

El afamado director y compositor inglés Eugene Goossens llegó a Sídney en 1946 para dirigir la Orquesta Sinfónica de esa ciudad y fue quien inspirara la idea de construir un edificio especializado para la ejecución de ópera. Lamentablemente alejado de Australia en 1956 por un escándalo sexual, Goossens sembraría la iniciativa que se tradujo en un concurso internacional de arquitectura en diciembre de ese año. El notable arquitecto vanguardista norteamericano-finés Eero Saarinen, miembro del jurado (quien llegara tarde al evento) hizo revisar de nuevo algunos proyectos ya desechados por los otros jueces, y cuando vio los esquemas casi diagramáticos del joven arquitecto danés Utzon, exclamó "Señores, he aquí la ópera que están buscando".

Esquema original de Utzon, en el que todavía se consideraban formas elipsoidales.

LA PROPUESTA ARQUITECTÓNICA

Antes de ser arquitecto Utzon había sido marinero y la forma de los veleros sería una influencia importante en su diseño. Pero Utzon no fue ningún improvisado. Estudió con detalle la forma de la península de Bennelong Point y supo que el edificio sería el protagonista visual de la misma. Encontró mucha similitud con la ubicación del prominente castillo de Kronborg en su nativa Dinamarca y a fin de resaltar su propuesta se sirvió de un podio de escalinatas, inspirándose en las ruinas mexicanas de Monte Albán.

La propuesta se concibió basándose en una serie de cáscaras (en ese entonces) parabólicas que se unían en un eje común y que cubrían tres edificios, dispuestas sobre una plataforma o podio. La progresión de las cúpulas le da al conjunto un gran dramatismo y un carácter escultórico, pareciendo, a la distancia, flotar sobre el mar. Se tratan en realidad de edificios dentro de otros. Las formas curvas que se ven desde la bahía no corresponden al techo que ven los espectadores al interior de la ópera, y es que ambas techumbres tienen propósitos diferentes.

Maqueta en corte hecha por Utzon mostrando los dos tipos de techo, el exterior de concreto y el interior para fines acústicos.


La edificación está compuesta por tres cuerpos principales: el Salón de Conciertos, el Teatro de la Ópera y uno más pequeño que es el Restaurante Bennelong. Éstos albergan un Teatro para Drama, una Sala de Música y un Estudio, los que conjuntamente soportan una capacidad de 7,000 espectadores. Entre sus 800 habitaciones, se encuentran 5 estudios de práctica, 60 vestuarios, 5 restaurantes, tiendas de souvenirs, etc.

Detalle de la unión de las cúpulas. Foto C. Zeballos
Detalle del restaurante. Foto C. Zeballos

Pero había un problema. Al momento de seleccionar la propuesta ganadora no se tenía idea de cómo ejecutar el proyecto. Por tanto, luego de unos meses Utzon presentó un avance con el apoyo de Ove Arup en el diseño estructural y Vilhem Jordan en el diseño acústico. Para avanzar con la ejecución de la obra se decidió llevarla a cabo en tres etapas: la base, las cubiertas y los interiores. Es decir se trabajaría el diseño de las coberturas, mientras se ejecutaba en obra la cimentación y el acondicionamiento del podio.

LA FASE I: LA BASE

El podio, con una superficie de 1.8 hectáreas se desenvuelve en dos plataformas, a 8 y 15 m sobre el nivel del mar. De hecho, es una experiencia muy interesante al caminar hacia la ópera desde Circular Quay, el encontrarse con esta serie de escalinatas que le da a la aproximación al edificio un carácter procesional, definitivamente monumental.

Vista del podio desde el sur, los Jardines Reales Botánicos. Foto C. Zeballos

Luego de demoler del Fuerte Macquire, se empezaron los trabajos de cimentación. Lamentablemente Bennelong Point no era tan estable como se pensaba, por lo que tuvieron que empotrarse más de 500 postes de concreto, a la vez que represar y bombear el agua, lo cual incrementó notablemente los costos.

LA FASE II: LAS CUBIERTAS

Durante dos años se estuvo experimentando con diversas alternativas para las cubiertas. La idea original de las superficies parabólicas era peligrosa, ya que si una colapsaba, las demás le seguirían. Utzon descartó también la idea de una estructura metálica disfrazada con paneles de cemento, pues le quitaba sinceridad al proyecto original. El trabajar con arcos de concreto daría resistencia, pero tendría un costo enorme dado que la geometría de la parábola o el elipsoide era irregular y se hubieran tenido que hacer direferentes secciones para cada tramo del techo.

Evolución de las alternativas de diseño estructural de la cubierta

Finalmente Utzon ideó una solución genial: se utilizarían secciones esféricas en vez de elipsoidales, lo que facilitaba enormemente la prefabricación de las mismas. Las cubiertas se harían utilizando "costillas" de una esfera de radio 75 m. Estas costillas formaban caparazones independientes y no colapsarían sucesivamente si uno de ellos fallaba.

Secuencia que muestra la solución genial de Utzon basada en una forma esférica.
Foto C. Zeballos


Corte en 3D del proceso constructivo

Las costillas se unirían con resina epóxica y conformarían arcos que se sucedían radialmente en forma de abanico partiendo de un pedestal en la base. Una vez ensambladas, se post-tensarían cables de acero desde la base hasta la cúspide. Sin embargo, esto significó una costosa remodelación del podio, que estaba pensado para soportar una delgada cáscara de concreto y no una serie de arcos mucho más masivos.

Detalle de las "costillas" de concreto. Foto C. Zeballos

La cubierta está compuesta por 10 caparazones que se sostienen apoyándose entre sí en tres grupos. Así, el grupo A está compuesto por cuatro caparazones apoyados unos contra otros. Los primeros en construirse fueron el 2 y 3, y posteriormente el 1 y el 4 se apoyaron sobre ellos. De esta forma el grupo A es estructuralmente independiente de los otros grupos de la cubierta y se apoya en 6 puntos.

Construcción de las cúpulas del grupo A. El caparazón 1 y 4 se apoyan sobre el 2 y 3 respectivamente. El conjunto aterriza en tres apoyos a cada lado

Posteriormente se construyó el grupo B iniciando el caparazón 6, sobre el cual se apoyan el 5 y el 7. Nótese que si bien el 5 se introduce formalmente bajo el caparazón 4, ambos corresponden a grupos estructurales independientes. Tanto el grupo B como el C se apoyan sobre 4 puntos respectivamente.
La cubierta se divide en tres grupos de cúpulas. Foto C. Zeballos

Posteriormente la cubierta se recubrió con dos tipos de mosaico, uno blanco algo brillante y otro crema mate, de manera a manera que el edificio brille con el sol pero no se constituya en un elemento cegador. Un millón de piezas de cerámica serían fabricadas en Suecia y pre ensambladas en módulos antes de ser colocadas en la cubierta. Esto tiene un efecto interesante al otorgar una textura al acercarse al edificio mientras que semeja una superficie lisa al observarlo de lejos.

Tres detalles de los mosaicos, previamente acomodados y montados sobre la cubierta.
Fotos C. Zeballos

Mención aparte merecen las fachadas de vidrio. Como puede notarse en la propuesta original, Utzon había pensado inicialmente en generar unas grandes mamparas verticales, dejando todo el protagonismo a las cubiertas. Sin embargo, posteriormente decidió aumentar el dramatismo del edificio al proponer una fachada compuesta por estructuras metálicas formando dos secciones cónicas y que contrapone el sentido de la inclinación de las cúpulas.

Detalle de la fachada, aumenta el dramatismo de las cúpulas. Foto C. Zeballos

A la vez que exteriormente coadyuvan a la estructuración formal del edificio, interiormente promueven una sensación de fluida comunicación visual entre el interior y el exterior.

Dos vistas desde el foyer, mostrando la gran relación visual del interior con el entorno exterior.
Fotos C. Zeballos


FASE 3: EL INTERIOR

Cuando se terminaron las cúpulas, el proyecto había excedido con creces el tiempo y dinero originalmente presupuestado para la obra. En 1965, David Huges asumió el ministerio de obras públicas y desde su entrada empezó a cuestionar la labor de Utzon, demandándole la entrega completa de planos. Dado el carácter innovativo del proyecto, Utzon siempre había trabajado de una forma más abierta y flexible que facilitara la experimentación. Pero gracias a Huges ahora Utzon debería pasar cada plano por la censura una autoridad burocrática política. Viendo su participación restringida a la de "diseñador", subordinado al poder de los arquitectos ejecutivos, sin ninguna autoridad de decisión y ante la falta de pago, Utzon renunció a su participación en la construcción de la obra. A pesar de que miles se lanzaron a las calles pidiendo la reposición de Utzon, Huges se apresuró a nombrar sustitutos locales. Jørn Utzon no ha regresado desde entonces a Australia para ver su obra maestra.

Peter Hall llevó a cabo el desarrollo de los interiores de la obra, cambiando algunos de los conceptos de Utzon, especialmente en el salón de la ópera, aumentando galerías y modificando la forma del cielo raso del salón de conciertos.

Interior de la sala de conciertos

El edificio fue inaugurado por la reina Isabel II en octubre de 1973, 16 años luego de haberse iniciado y con un costo final de 102 millones de dólares. En los discursos oficiales no se mencionó el nombre de Jørn Utzon.

Sin embargo en 1999 se encomendó a Utzon, de 81 años una serie de Principios de diseño para el futuro de la ópera. "Es bueno que pensemos en el futuro de la ópera en vez de su pasado" dijo el arquitecto. Hoy, Utzon, de 90 años continua ligado al proyecto a través de su hijo Jan, también arquitecto. La relación entre Sídney y Utzon es muy buena, y según nos comentó la guía, cada año los trabajadores de la Opera House le mandan un saludo cantado de cumpleaños. De hecho uno de los ambientes recientemente remodelados se denomina Salón Utzon, y contiene una tapicería diseñada por él en la que representa sus sentimientos al escuchar la música.

Interior del salón Utzon, con un tapiz diseñado por él.

CRÍTICAS Y ELOGIOS

Frank L. Wright decía que "esta carpa de circo no es arquitectura" mientras que algunos han comparado su forma como un monstruo reptando o como una orgía de tortugas. Sin embargo han sido mucho más los elogios. Frank Gehry la llama "pieza épica de la arquitectura de nuestro tiempo" y Louis Kahn dijo de ella que "el sol no sabía cuán bella era su luz era hasta que se posó sobre este edificio". La Ópera fue considerada patrimonio cultural de Australia y Dinamarca, antes de que UNESCO la designara como Patrimonio de la Humanidad el 28 de junio del 2007.

Ópera de Sídney en Año Nuevo. Fuente Wikipedia

UNA EXPERIENCIA MUSICAL

Y aquí me encuentro, insignificante, boquiabierto y panegírico ante este formidable coloso. La ejecución de la Sinfónica de Sídney estalla en miles de notas y se multiplica sin necesidad de ningún equipo de amplificación. Los truculentos compases de Tchaicovsky, la fértil creatividad del Utzon y el enorme despliegue técnico de los ingenieros y constructores han dado su fruto: un sonido excelso.

Iluminación de la Ópera contra el calentamiento global. Durante mi visita Australia sufría una escasés de agua generalizada. Vía Inhabitat.

VER TAMBIÉN:

25 abril, 2008

YORO PARK Y EL DESTINO REVERSIBLE.


Dentro del paisajismo moderno, la modalidad de parques temáticos ofrece un espectro variado para la experimentación. Son reconocidos, por ejemplo el Parque Güell de Gaudí en Barcelona, el Millenium Park de Frank Gehry en Chicago y La Villette en París, por Bernard Tschumi, entre otros. En ellos, los autores, valiéndose de distintos recursos, buscan del paseante no sólo la expectación y relajamiento que ofrece un parque común, sino una interacción mas nutrida entre la persona y el espacio que la acoge.

Conducir al visitante a un nuevo destino, experimentando ansiedad, misterio, sorpresa, opresión o confusión es el propósito de Shusaku Arakawa y Madeline Gins, co-autores del denominado Parque Yoro: Sitio del Destino Reversible. Para ello, el artista japonés y la poeta norteamericana, juegan con el terreno en un área de 18000 m2, haciéndolo protagonista del montaje escénico. El terreno conversa con el cuerpo del paseante, juguetea con él, lo constriñe y lo libera, lo amenaza y lo acoge.


Al ingresar al parque el visitante es recibido por la Oficina del Destino Reversible, concebida como una estructura de paredes laberínticas sin un centro generatriz.



En la multicolor coreografía de muros entrecortados, es el terreno el que se impone al plano. Es más, el techo mismo se desprende del terreno como una segunda piel. A lo largo de la estructura, el techo y el piso interactúan en pareja. De hecho, algunos muros se han desprendido y adosado a la cobertura, como un reflejo tridimensional y que invita a la levitación.



La luz desciende dramáticamente en puntos estratégicos, descubriendo las numerosas puertas que posee la oficina, y por las que el visitante puede salir y reingresar redescubriendo la interacción con el parque que la rodea. La oficina culmina en una terraza con vista hacia el parque.



Vecina a la oficina, se halla la Casa de Resemblanza Crítica. En una idea similar, pero aún más dramática, los ambientes de esta vivienda interactúan entre sí y el mobiliario, engarzándose en un juego caótico de formas contorsionadas.


El visitante es invitado a gritar su nombre, multiplicándose en el eco de innumerables reverberaciones. Mobiliario atravesado por paredes, o muros convertidos en muebles, que a su vez flotan despreocupándose de la gravedad.




La plaza principal contiene principalmente un área ovalada en la que destacan sendos cráteres y colinas (que dan la idea de haber sido socavados con una cuchara). Algunos promontorios sugieren el absurdo y se ladean permitiendo al visitante, sobre todo a los niños el experimentar la vivencia de conocer una montaña por debajo.


Una estrecha senda atraviesa las colinas y conduce a la atalaya mas elevada desde donde se domina el conjunto. Pero al ser este pasillo para el ancho de una persona, el paseante se encuentra a menudo con personas que vienen en otro sentido. Akarawa y Gins buscan de esta manera el promover el contacto corporal entre las personas, a menudo ensimismadas en su propia experiencia (después de experimenar el contacto con una docena de japoneses, uno termina hastiado!!)


El terreno, como siempre se inclina y hasta los estares le acompañan ladeándose y provocando por sensaciones que van del vértigo a la aventura.


De más está decir que son los niños quienes mas vivencian las infinitas alternativas que éste parque ofrece, retorciéndose entre sus complicados laberintos, experimentando amplitudes y estrecheces o explorando hasta sus más truculentos recovecos. Tal vez no reviertan su destino, pero de que lo disfrutan, lo disfrutan.

Este paisajismo abstracto busca transformar al visitante en participante, al espectador en actor, al contemplativo en activo. Como el arte moderno, se vale de recursos estridentes y dinámicos. El comentario final corresponde a cada quien y su rico y variado cariz (desde los que lo consideran alucinante hasta quienes lo ven como un disparate) logra un cometido indiscutible: no pasará desapercibido.


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