"Si mi corazón pudiera hacerse tan puro y simple como el de un niño, pienso que probablemente no habría dicha más grande que esa"Kitaro Nishida (1870-1945)
Kioto es una ciudad engastada en un valle, rodeada de montañas boscosas al este, norte y oeste. Dado que las montañas eran territorio de los dioses y los llanos el hábitat de los humanos, el área ocupada por las estribaciones de los montes, es decir la interfase límite entre bosque y ciudad era un área de profundo valor simbólico y ritual, y es de hecho el área donde se encuentran muchos templos y santuarios.
Justo al pie de las montañas al este de la ciudad o Higashiyama, se encuentra el Camino de la Filosofía o Tetsugaku no michi, un grácil paseo que acompaña el alegre discurrir de un canal de agua, comunicando el Pabellón de Plata o Gingakuji en el norte con el templo Nanzenji al sur.
Se trata de un pintoresco recorrido, alejado del ruido citadino y ubicado en el límite entre la ciudad y la montaña. A pesar de que la expansión urbana lo ha sobrepasado en algunos trechos aún mantiene en muchos tramos el contacto con la naturaleza con el que fue diseñado originalmente. A la vera del camino y adentrándose en la montaña se encuentran algunos templos como Honen-in y el Anraku ji. Además de su función utilitaria, simbólica y paisajista, tiene también un rol ambiental, pues los canales de agua permiten aminorar los efectos del tórrido verano de Kioto.
El Camino de la Filosofía adquirió su nombre debido a que el renombrado filósofo Kitaro Nishida solía caminar a lo largo de este paseo, inmerso en su profunda contemplación y meditación. Hoy, esta apacible arboleda se convierte en un destino turístico muy importante durante el hanami o estación de flores de cerezo.
Y es que si bien es interesante visitarlo en cualquier época del año, es especialmente sobrecogedor caminar bajo el túnel blanco-rosado producido por el cerezo en flor...

...pero también es impresionante en otoño, cuando los árboles tiñen de gamas de amarillos, naranjas, ocres y rojos el paseo...
...bueno, aunque durante un día de nieve tiene también su encanto especial.

Uno de los vecinos más singulares de este camino es una menuda casa de té, que se encuentra casi escondida, cruzando un puente, en el extremo sur del paseo. Ésta será materia del próximo post.
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